Un proyecto de la UE ha facilitado a pymes e investigadores el acceso a instalaciones científicas de primer orden con las que ensayar la nueva generación de materias primas para biocombustibles. Sus responsables pretenden ahora repetir la iniciativa e impulsar así el uso de biocombustibles de segunda generación en Europa.

Brisk ha puesto a disposición de los investigadores europeos una red trasnacional de infraestructuras científicas en el campo de la biomasa
El proyecto Brisk pretende impulsar el uso de la biomasa en la UE. Foto: Christian Schnettelker (cc)

Veintiséis socios de toda Europa, entre los que había instituciones académicas y de investigación, pusieron en marcha una red muy notoria de instalaciones de demostración en el marco del proyecto BRISK, de cuatro años de duración y finalizado en septiembre de 2015.

“Muchas pymes y estudiantes no tienen acceso a estas instalaciones”, explicó el profesor Andrew Martin, del Real Instituto de Tecnología de Suecia (KTH) y coordinador del proyecto. “El proyecto BRISK ofreció estas instalaciones al conjunto de la comunidad científica para eliminar la fragmentación y ensayar con materias primas nuevas”.

Más de doscientas personas de veintiséis países europeos pudieron realizar experimentos sobre biocombustibles de segunda generación en las instalaciones ofrecidas, todo un revulsivo para la competitividad a nivel mundial de este sector. De hecho, su éxito ha sido tal que ya se ha iniciado la organización del sucesor de BRISK.

“Tras la finalización del proyecto nos hemos puesto manos a la obra para crear un consorcio nuevo y encontrar una convocatoria de Horizonte 2020 que se ajuste a nuestras necesidades”, informó Martin. “Nuestra intención es la de ampliar nuestro alcance e incluir más bioprocesos y una gama más amplia de materias primas”.

Los biocombustibles avanzados obtenidos a partir de biomasa podrían crear miles de empleos nuevos al estimular el desarrollo rural y contribuirían a garantizar el suministro energético de Europa mediante una alternativa sostenible a los combustibles fósiles. Un incremento en el empleo de biomasa ayudará también a que Europa reduzca sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 20% para 2020 y en un 50% para 2050.

Un investigador de la Universidad de Córdoba, por ejemplo, visitó la Universidad Técnica de Graz (Austria) para ampliar su investigación sobre biocombustibles

El proyecto BRISK creó con este propósito una base de datos en línea dotada de un buscador en el que se registraron los laboratorios asociados de toda Europa. Pymes e investigadores pueden encontrar en la base de datos información detallada sobre instalaciones de conversión de biomasa en energía térmica disponibles para realizar experimentos. Los responsables del proyecto se propusieron que cualquier investigador pudiera acceder a una instalación de los socios del proyecto situada fuera de su propio país y así fomentar la cooperación transnacional.

Un proyecto que beneficia a la comunidad científica

BRISK se encargó de los costes de acceso y proporcionó becas para cubrir gastos de viaje y manutención. El consorcio redactó además protocolos y creó bases de datos para facilitar el intercambio de información y la evaluación comparativa de las instalaciones experimentales, un fruto importante del proyecto que redundará en beneficio de la comunidad científica europea.

Los socios crearon, mediante actividades conjuntas de investigación, metodologías experimentales nuevas, entre las que se incluyen técnicas y procedimientos para el procesado de la biomasa. Las visitas a las instalaciones, con una duración de entre unos pocos días hasta intercambios trimestrales para doctorandos, han ampliado la capacidad europea en cuanto a biomasa y abierto una vía para la transferencia de conocimientos entre países. “Este proyecto desarrolló una labor importante de fomento de las redes de investigación y ofreció la oportunidad de mejorar la calidad de las instalaciones”, aseguró Martin.

Un investigador del Reino Unido, por ejemplo, amplió su investigación de doctorado en las instalaciones de ENEA (Italia), donde pudo llevar a cabo una serie de experimentos de conversión de biomasa a gas sintético (utilizado principalmente en la generación eléctrica). Y un investigador español de la Universidad de Córdoba visitó la Universidad Técnica de Graz (Austria) para ampliar su investigación sobre biocombustibles, dedicada a reducir la cantidad de óxido de nitrógeno que se genera en la combustión de biomasa en calderas de pequeño tamaño.

“Descubrimos que lleva cierto tiempo dar a conocer una iniciativa, y así la actividad fue mucho mayor al final del proyecto”, informó Martin. “Esperamos que en proyectos futuros, ya que hemos alcanzado cierta reputación, logremos servir a una mayor cantidad de gente y atraer a más investigadores de fuera de la UE”.

Fuente:
Cordis

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