Una investigación revela que estas diminutas partículas refuerzan las biopelículas microbianas y dificultan la acción de los desinfectantes, lo que podría suponer un reto para los sistemas de tratamiento y distribución de agua.

Los nanoplásticos presentes en el agua potable podrían representar un riesgo añadido para la salud pública más allá de su posible ingestión directa. Una investigación liderada por la Universidad Virginia Tech (Estados Unidos) concluye que estas partículas son capaces de fortalecer determinadas comunidades bacterianas y aumentar su resistencia a los procesos habituales de desinfección empleados en los sistemas de abastecimiento de agua.
El estudio, publicado en la revista científica Water Research, analiza cómo los nanoplásticos interactúan con los microorganismos presentes en las biopelículas —comunidades de bacterias adheridas a superficies como el interior de las tuberías— y pone de manifiesto que estas interacciones pueden favorecer la supervivencia de patógenos resistentes a los tratamientos antimicrobianos.
La investigadora principal, Jingqiu Liao, profesora de Ingeniería Civil y Ambiental en Virginia Tech, señala que comprender los efectos de los nanoplásticos no solo es importante desde el punto de vista de la exposición humana directa, sino también por su impacto sobre los ecosistemas y los procesos microbiológicos que influyen en la calidad del agua. Según explica, estas partículas pueden favorecer la supervivencia de microorganismos resistentes, con potenciales implicaciones para la salud pública.
Los nanoplásticos, considerados la fracción más pequeña de los microplásticos —con tamaños comprendidos entre uno y mil nanómetros—, actúan sobre los biofilms estimulando distintos mecanismos biológicos que incrementan su capacidad de protección.
Los investigadores estudiaron biopelículas formadas por las bacterias Escherichia coli y Pseudomonas aeruginosa y comprobaron que la exposición a nanoplásticos desencadena una intensa comunicación entre los microorganismos, favorece la producción de sustancias que engrosan la matriz protectora de la biopelícula y activa complejos mecanismos de defensa frente a virus bacterianos o bacteriófagos.
Como resultado, estas comunidades microbianas adquieren una mayor resistencia mecánica y una menor sensibilidad frente a los desinfectantes utilizados habitualmente en las plantas de tratamiento y en las redes de distribución de agua potable.
Un desafío para el tratamiento del agua
Los autores advierten de que este fenómeno podría complicar la eliminación de biopelículas en las infraestructuras hidráulicas, favoreciendo la persistencia de microorganismos potencialmente patógenos en superficies de tuberías y equipos de tratamiento.
En sus conclusiones, el equipo investigador destaca que el aumento de la resistencia física de las biopelículas y su menor susceptibilidad a la desinfección representan un desafío potencial para los sistemas de abastecimiento de agua, ya que los nanoplásticos podrían facilitar la formación de comunidades bacterianas especialmente difíciles de erradicar.
El estudio también pone de relieve la necesidad de profundizar en los mecanismos moleculares que regulan la interacción entre nanoplásticos, bacterias y bacteriófagos en comunidades microbianas complejas. Los investigadores consideran que el tamaño de las partículas plásticas puede desempeñar un papel determinante, por lo que será necesario comparar el comportamiento de los nanoplásticos con el de los microplásticos de mayor tamaño.
Los resultados aportan nuevas evidencias sobre los posibles efectos indirectos de la contaminación por plásticos en el ciclo urbano del agua y refuerzan la importancia de seguir investigando el impacto de estos contaminantes emergentes sobre la seguridad de los sistemas de abastecimiento y la protección de la salud pública.







