La investigación de la Universidad de California desarrollará métodos para medir su toxicidad y analizar cómo estas partículas pueden transportar contaminantes hasta el cerebro, con el objetivo de aportar una base científica para futuras regulaciones.

nanoplásticos
Nanoplásticos vistos al microscopio. A diferencia de los microplásticos, los nanoplásticos suelen transportarse por el aire y pueden atravesar la barrera hematoencefálica. Foto: Mario Rodríguez / UC Davis

Los nanoplásticos se han detectado en los últimos años en prácticamente todos los entornos analizados, desde regiones remotas como la Antártida hasta órganos del cuerpo humano. Sin embargo, la ausencia de métodos estandarizados para identificarlos y evaluar sus efectos sobre la salud sigue siendo uno de los principales obstáculos para conocer su impacto real y avanzar hacia una regulación específica.

Con este objetivo, un equipo de investigadores de la Universidad de California en Davis (UC Davis) ha puesto en marcha un proyecto destinado a desarrollar el primer protocolo estandarizado para medir la neurotoxicidad de los nanoplásticos presentes en el aire. La iniciativa, financiada con cerca de cuatro millones de dólares por el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental (NIEHS) de Estados Unidos, pretende establecer criterios reproducibles para analizar la exposición humana a estas partículas y sus posibles efectos sobre el organismo.

Un contaminante emergente difícil de estudiar

Los nanoplásticos son fragmentos extremadamente pequeños que se generan por la degradación de los materiales plásticos. Con un tamaño hasta mil veces inferior al de los microplásticos, pueden permanecer suspendidos en el aire y ser inhalados, lo que facilita su llegada a órganos como los pulmones o el cerebro.

A diferencia de los microplásticos, cuya principal vía de entrada en el organismo es la ingestión, los nanoplásticos pueden acceder al cuerpo a través de la respiración. Diversas investigaciones apuntan, además, a que estas partículas podrían atravesar la barrera hematoencefálica, el sistema que protege el cerebro frente a sustancias potencialmente nocivas.

Vectores de contaminantes

Uno de los aspectos centrales del estudio será analizar el comportamiento de los denominados nanoplásticos adsorbentes de contaminantes (Pollutant-Adsorbed Nanoplastics o PANs), partículas cuya superficie puede retener compuestos presentes en la atmósfera.

Los investigadores quieren determinar si estos nanoplásticos transportan hasta el organismo sustancias como pesticidas, metales pesados, compuestos procedentes de las emisiones del tráfico o sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), conocidas como «contaminantes eternos», y si estos compuestos se liberan una vez que las partículas penetran en el cuerpo.

La gran diversidad de tamaños, formas y composiciones de los nanoplásticos ha dificultado hasta ahora el desarrollo de metodologías comunes para su estudio, un problema que el proyecto pretende abordar mediante protocolos de caracterización y seguimiento estandarizados.

Nuevas herramientas para medir la exposición

El equipo utilizará diferentes técnicas analíticas para identificar y seguir el comportamiento de los nanoplásticos. Entre ellas figuran la espectroscopia Raman y sistemas de microscopía de campo oscuro e hiperespectral, que permitirán observar las partículas sin necesidad de marcadores o tratamientos que puedan alterar sus propiedades.

Además, los investigadores emplearán modelos celulares de la barrera hematoencefálica para estudiar cómo influyen el tamaño y la morfología de los nanoplásticos en su capacidad para atravesar este sistema de protección.

En paralelo, el proyecto evaluará la respuesta biológica de las células expuestas a distintas combinaciones de nanoplásticos y contaminantes. Los ensayos analizarán la activación de biomarcadores relacionados con procesos inflamatorios, muerte celular y enfermedades como el cáncer, con el fin de comprender mejor los mecanismos de toxicidad asociados a estas partículas.

Hacia una base científica para la regulación

Más allá de los resultados sobre salud ambiental, la investigación aspira a proporcionar herramientas comunes para toda la comunidad científica. Disponer de métodos estandarizados permitiría comparar resultados entre estudios, identificar qué tipos de nanoplásticos presentan un mayor riesgo y generar la evidencia necesaria para respaldar futuras políticas de control de este contaminante emergente.

Los responsables del proyecto consideran que establecer procedimientos reproducibles para detectar, cuantificar y evaluar los efectos de los nanoplásticos será un paso clave para avanzar tanto en la investigación como en el desarrollo de marcos regulatorios específicos para este tipo de contaminación.

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