Así lo refleja un estudio de la Fundación CRAM, que alerta también de los casos de tortugas enredadas en basura marina y artes de pesca a la deriva.

La Fundación CRAM, dedicada a la conservación marina, ha presentado los resultados de su séptimo estudio anual sobre la contaminación del Mediterráneo utilizando a la tortuga marina como bioindicador. Este estudio, que se desarrolla de forma continuada y cuenta con la colaboración de Laboratoires SVR, analiza la presencia de residuos plásticos en las tortugas marinas atendidas en el Centro de Recuperación del CRAM.
Durante 2025 se atendieron 98 tortugas marinas, el mayor número de ingresos registrado en los últimos años. De ellas, se pudieron obtener y analizar muestras de 58 individuos, incluyendo heces recogidas durante su estancia en el centro y contenido digestivo en los casos en los que se realizó necropsia.
Los resultados muestran que el 74% de las tortugas analizadas presentaban evidencia de ingestión de plástico. El tipo de residuo más frecuente fue el plástico tipo lámina, que representó aproximadamente el 64% del total de fragmentos encontrados, seguido por otros tipos de fragmentos plásticos rígidos y restos de origen diverso.
Además de la ingestión de residuos, durante 2025 se atendieron 10 casos de tortugas marinas enmalladas en basura marina o artes de pesca a la deriva, lo que pone de manifiesto el impacto que estos residuos siguen teniendo sobre la fauna marina.
Los resultados del estudio también evidencian cómo la ingestión de plástico puede producirse desde fases muy tempranas de vida. En uno de los casos analizados, una tortuga juvenil que llevaba aproximadamente un mes en libertad, ya presentaba restos de plástico en su tracto digestivo.
Estos datos reflejan la persistente presencia de residuos plásticos en el mar Mediterráneo y sus efectos sobre la fauna marina. La contaminación marina no solo afecta a especies emblemáticas como la tortuga marina, sino que también tiene implicaciones para los ecosistemas y para las personas, ya que el mar desempeña un papel fundamental en la regulación del clima, la producción de oxígeno y la provisión de recursos alimentarios.







