Alexandra Farbiarz Mas.
Comunicóloga especializada en Biotecnología y Medio Ambiente.
La robustez es aquella cualidad que permite a personas, entidades y empresas a mantenerse no de forma rígida, sino robusta en el tiempo, permitiéndonos sobrevivir a las fluctuaciones que podamos padecer debido a las alteraciones antropogénicas sobre el medio ambiente.

Cuando se trabaja en sostenibilidad, sabemos de la volubilidad del vocabulario y conceptos que se suponen que van asociadas a ella. Algunas vienen para quedarse, otras pasan al olvido. En todo caso nunca son neutras. Sin embargo, yo ya me atrevo a poner sobre la mesa que hay una que va a tomar un papel más que destacado en los próximos años. Y creo que esta palabra ha venido para quedarse, por puro sentido común tal como espero transmitir más adelante: la robustez.
La sostenibilidad o el reflejo de la complejidad.
Esta diversidad de vocabulario que existe bajo el gran paraguas de la sostenibilidad muestra el reflejo de la cantidad de elementos que interactúan en este ámbito y que durante muchos años se entendía como algo “aparte”. El medioambiente no formaba parte de nuestras vidas porque, desde ya hace siglos la naturaleza se presentaba como algo separado a nosotros, algo a dominar y de la que extraer recursos para generar beneficio económico. Ahora existe una gran desconexión entre los humanos y los seres vivos tal como comentábamos en la entrevista con el conservacionista David Manzanera, pero a nadie se le escapa que el cambio climático está interiorizado en nuestro vocabulario.
Las palabras son un reflejo de todo cuanto está aconteciendo en nosotros y a nuestro entorno y pone en evidencia que las lecturas de la sostenibilidad son muy variadas y requieren de abordajes distintos tanto en su naturaleza como a la hora de comunicarlo a la población. Además, seamos claros, a la cultura general ya no se le da el valor que antes tenía, pues imagínense a la cultura de la sostenibilidad que además se ve amenazada por los negacionistas.
Para colmo, esta cultura de la sostenibilidad se ve amenazada por grandes desigualdades, así como por una normativa europea muy cambiante en la que las empresas, en estos momentos, ya no saben con certeza las leyes que se les aplica. Como ejemplo, el paquete Ómnibus que se ha aplicado a las Normas Europeas de Información de Sostenibilidad presentado por la Comisión en febrero de 2025 para “simplificar y armonizar” las normas de información en sostenibilidad como son la CSRD, la CSDDD, la CBAM, y la Taxonomía.
¿Y entonces porque hablar de ROBUSTEZ?
La robustez es aquella cualidad que permite a personas, entidades y empresas a mantenerse no de forma rígida, sino robusta en el tiempo, permitiéndonos sobrevivir a las fluctuaciones que podamos padecer debido a las alteraciones antropogénicas sobre el medio ambiente.
Este concepto lo desarrolla el biólogo e investigador francés Olivier Hamant del INRAE (Institut National de Recherche et l’environnement) que trabaja sobre el desarrollo de las plantas y que también es director del Institut Michel Serres para los recursos y el bien común. En 2023 escribió su libro “Antídoto contra el culto al rendimiento. La robustez de lo viviente” en el que constata que el valor del alto rendimiento es un objetivo constante en la acción humana, al que somos adictos, en contraste con lo viviente, que se ocupa, ante todo, de la robustez.
Su tesis principal es que la búsqueda del alto rendimiento nos lleva a un callejón sin salida y que debemos aspirar a la robustez en todos los niveles, un camino saludable que también nos permite reconciliarnos con la naturaleza.
Hamant conviene que la crisis climática es, en realidad, una crisis cultural debido a la adicción al alto rendimiento, algo con lo que coincido y espero desarrollar en otros artículos. El rendimiento se define como aquella canalización de esfuerzos que se hace a través de la eficacia (alcanzar un objetivo) y la eficiencia (lo más rápido posible con los menos medios posibles) y se vincula a un momento temporal acotado. Pero en rendimiento en un momento puntual, no implica rendimiento sostenido en el tiempo La cultura del alto rendimiento se basa en una cultura de la competición en la que los que ganan siempre son los más agresivos. Al ir tan lejos y tan rápido en esta cultura del alto rendimiento se genera un burn-out tanto en las personas como en los ecosistemas, dejamos de respetar los tiempos de regeneración necesarios y los acabamos agotando. Además, a nivel económico, disponer de menos recursos supone una mayor competencia por lograrlos e incrementa su coste.
¿Cuántas personas y empresas tienen hoy en día incorporado el alto rendimiento en su ADN? La mayoría ¿por qué? Porque el alto rendimiento vive, ante todo, en el cortoplacismo, donde se desarrolla toda una cultura de lo rápido: fast-fashion, fast-food, fast-fournitur, el desarrollo descontrolado de la IA. Debemos ser capaces de mirar un poco más allá en el tiempo si queremos perdurar.
Ejemplos de robustez y de alto rendimiento
En cambio, la robustez permite mantener los sistemas estables a pesar de las fluctuaciones que acontecen. La robustez responde a una pulsión humana que es la de durar y transmitir. Y los seres vivos buscan ser robustos antes que utilizar su capacidad de rendimiento.
- Un ejemplo de robustez tecnológico: un avión funciona con el 50% de su capacidad en el que encontramos 3 sistemas de auto-pilotaje sobre tres tecnologías distintas que no siempre se utilizan y ¿para qué tantos sistemas y tan heterogéneos? Pues por si necesita hacer frente a turbulencias.
- La robotización del lenguaje que hace que una palabra solo tenga un significado hace que se pierda la polisemia, que es un signo de robustez del lenguaje y poco a poco se pierde la comunicación porque no hay lugar a los errores. Cuando se habla y las cosas no se acaban de comprender, se pregunta y el interlocutor responde y esto genera un clima de confianza y de intercambio en la comunicación.
- Otro ejemplo, cuando hubo el tsunami en el Índico en 2004, los indígenas de la zona, supieron leer rápidamente la situación a través de las señales que les daba la naturaleza. Observando como reaccionaban los animales, pudieron ellos también reaccionar de forma rápida y efectiva porque tenían un conocimiento robusto del medio. Entre estas poblaciones no hubo ni una sola baja humana. ¿Tienen ellos una cultura del rendimiento? No, tienen una cultura de la robustez.
Transiciones de la cultura del alto rendimiento a la cultura de la robustez
Olivier Hamant pone sobre la mesa distintos ejemplos:
- En algunos sitios de América Latina, después de haber entrado de lleno en la agricultura intensiva, un sistema de alto rendimiento pero también muy destructivo, hicieron un giro en los años 80 hacia la agroecología, un sistema mucho más robusto que luego se ha ido difundiendo en muchos otros lugares del mundo. La agroecología no busca el rendimiento maximizado sino el rendimiento estable internalizando la biodiversidad del lugar en lugar de utilizar externalidades como, por ejemplo, pesticidas.
- La reparabilidad de los objetos. La reparación permite una durabilidad y hacer de estos objetos algo que puede ser transmitido, lo cual son características de la robustez. Y para la reparabilidad es necesario el ecodiseño. Todas estas formas de economía circular también forman parte de la robustez.
- Existen en el mundo distintos movimientos en el mundo que ponen por delante las interacciones humanas al servicio de la robustez:
- el Buen Vivir de América Latina basados en el Sumak Kawsay (prácticas y conocimientos indígenas)
- el Swaraj, en la India que hace hincapié en la gobernanza, no mediante un gobierno jerárquico, sino a través del autogobierno mediante individuos y la construcción de comunidades. El enfoque principal es la descentralización política.
- El movimiento Tan Ping en China, como consecuencia de la pandemia y del exceso de horas trabajadas al día, y que llevó a muchos jóvenes a dejar de trabajar temporalmente su trabajo o a buscar formas de vivir más lentas.
- El principio ético africano Ubuntu sostiene que una persona solo puede ser plenamente humana a través de sus relaciones con los demás. Nelson Mandela y Desmond Tutu popularizaron este concepto durante la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, mostrando cómo el Ubuntu podía servir como base para la reconciliación y la justicia restaurativa.
- A muy pequeña escala, en un pequeño pueblo llamado Mouans-Sartoux, que fue duramente golpeado por las vacas locas en su momento, el ayuntamiento decidió crear la Casa de la Educación de la Alimentación Sostenible (MEAD) y apostar por crear un espacio municipal agrícola con 3 agricultores a sueldo para asegurar una alimentación saludable y al abasto de todos los niños y jóvenes en las cantinas de sus escuelas. Poner en el centro la salud y la alimentación de los conciudadanos también es un ejemplo de transición hacia un modelo alimentario y contra el despilfarro que gira hacia la robustez.
- La robustez también puede darse en empresas y más adelante esperamos poder poner ejemplos sobre la mesa, porque sí, haberlos háylos y no solo en Francia. Aquí también, pero será para otro artículo.
¿Qué podemos hacer para ponernos en modo robustez?
Para Hamant una forma de desenchufarse del culto del alto rendimiento es tomarse momentos y espacios para parar y hacer frente a todas estas contradicciones y disonancias.
Otra cosa que podemos hacer es vigilar con las palabras que utilizamos. Por ejemplo, la rentabilidad de una empresa debe estar ligada a su robustez y no a su rendimiento si quiere mantenerse en el tiempo.
Si nos quedamos más arraigados a nuestro propio territorio también ganaremos tiempo y participaremos de más interacciones que harán de las organizaciones espacios más heterogéneos y más robustos. Es lo que hacen los seres vivos cuando hay una crisis: no se aceleran, sino que multiplican sus interacciones en su territorio: es lo que conocemos por simbiosis. Como dice Hamant: “cuando nos falta tiempo tenemos que darnos cuenta que nos queda el espacio”.
En la robustez hay que trabajar en equipo y cooperar, lo cual no es sencillo puesto que hay que hablar con personas que tienen tradiciones y culturas diferentes y se está expuesto a los conflictos, pero en cambio se acaban resolviendo, a fuerza de estar expuestos a ellos. Son escuelas de cooperación.
Conclusiones
Si hiciéramos una encuesta entre distintos grupos de personas, ¿Cuántas de ellas elegirían tener una mayor calidad de vida frente a tener un alto rendimiento desgastante? ¿A qué nos lleva el alto rendimiento constante? Hamant utiliza una muy buena metáfora: nuestro cuerpo tiene su mayor rendimiento cuando tiene fiebres altas para poder ayudar al cuerpo a recuperar su sistema inmunitario de forma óptima. Sin embargo… ¿ayudaría a nuestros cuerpos estar siempre con fiebre? Todos conocemos la respuesta.
La metáfora, si la extrapolamos al planeta es clara: buscar contantemente el rendimiento ha enfermado la Tierra que ahora tiene tal concentración de emisiones que las temperaturas no paran de subir…constantemente. ¿Esto nos ayuda?
En un momento de policrisis, de inestabilidad de los recursos y las condiciones que todo ello conllevará, Hamant afirma que serán la cooperación y la robustez las que dominen y no el rendimiento. Pero en este cambio de paradigma es importante que los poderes públicos tomen la delantera para evitar grandes pérdidas. En este sentido afirma que se debe ir delante de la ley (y no como suele pasar que la ley va por detrás de los acontecimientos).
Y es que es hora de pasar de la prevención a la preparación porque las fluctuaciones que nos pillan por sorpresa cada vez son más virulentas y afectan a todo el sistema planetario. Y en nuestras latitudes somos demasiado frágiles: así lo demuestran los incendios, las Danas, los cortes de luz cada vez más presentes, la falta de agua, y la salud de las personas por los distintos impactos ambientales sobre nuestros cuerpos.
Ahora bien, buscar formas alternativas de robustez es un reto porque para empezar tenemos que cambia nuestro marco mental. Y como dijo Einstein en su momento “es más fácil destruir una molécula que un prejuicio”.







