Investigadores cuestionan la expansión de la competición y alertan sobre el impacto climático de los desplazamientos, el crecimiento comercial y los vínculos del fútbol con la industria de los combustibles fósiles.

La celebración de la Copa Mundial de la FIFA masculina prevista para 2026 podría convertirla en la edición con mayor impacto ambiental de la historia, según un informe elaborado por investigadores de varias universidades británicas que analizan la relación entre el fútbol profesional y el cambio climático.
El estudio, desarrollado por especialistas de la Universidad de Loughborough, la Universidad de Bristol y la Universidad de Manchester, sostiene que la creciente expansión comercial del fútbol de élite está incrementando su huella de carbono y dificultando la adopción de medidas efectivas para reducir las emisiones asociadas al deporte.
Los autores señalan que el Mundial que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México contará con un formato ampliado de 48 selecciones y 104 partidos, frente a los 32 equipos y 64 encuentros de la edición de Catar 2022. A su juicio, este aumento, unido a las largas distancias entre las 16 ciudades anfitrionas distribuidas por Norteamérica, provocará un incremento significativo de las emisiones derivadas del transporte.
Según explica el Dr. Oscar Berglund, profesor titular de Política Pública y Social Internacional en la Universidad de Bristol, «la FIFA ha convertido el fútbol masculino de élite en el principal objetivo del “sportswashing” de los Estados petroleros. Este Mundial, con el ridículo Premio Trump a la Paz y con Saudi Aramco —el mayor contaminador del mundo— como patrocinador principal, alcanza nuevos niveles».
Los combustibles fósiles en el fútbol de élite
El informe sostiene que la huella climática del fútbol no puede atribuirse únicamente a los desplazamientos de aficionados o a la gestión de los estadios, sino que está vinculada a dinámicas estructurales de globalización, crecimiento comercial y relaciones con empresas y países productores de petróleo y gas.
Los investigadores destacan la creciente presencia de inversiones procedentes de estados exportadores de combustibles fósiles y de grandes compañías energéticas en el fútbol profesional, tanto a través de patrocinios como de modelos de propiedad de clubes y competiciones.
Entre los ejemplos citados figura el acuerdo de patrocinio entre la FIFA y la compañía petrolera saudí Aramco, una relación que los autores consideran representativa de la creciente vinculación entre el deporte y los intereses asociados a los combustibles fósiles.
Asimismo, el estudio muestra preocupación por futuros eventos internacionales, como el Mundial de fútbol de 2034, cuya organización ha sido adjudicada a Arabia Saudí.
Tensiones entre sostenibilidad y negocio
Como parte de la investigación, los autores entrevistaron a responsables de sostenibilidad de clubes de fútbol europeos. Según sus conclusiones, muchas iniciativas ambientales encuentran dificultades para avanzar cuando pueden afectar a aspectos considerados estratégicos para el negocio, como la programación de partidos o los acuerdos de retransmisión.
Algunos de los profesionales consultados señalaron que el crecimiento de ingresos continúa siendo una prioridad para numerosas entidades deportivas, pese a que fenómenos asociados al cambio climático, como inundaciones, olas de calor o alteraciones en los calendarios de competición, representan riesgos cada vez mayores para el sector.
Los investigadores consideran que las actuales estrategias de sostenibilidad impulsadas por los organismos rectores del fútbol resultan insuficientes para responder a la magnitud del desafío climático.
El Dr. James Jackson, profesor de la Universidad de Mánchester, afirma que «a pesar de que el último Mundial ofreció un anticipo de cómo sería el fútbol en un mundo considerablemente más cálido, la FIFA se ha mostrado indiferente ante la necesidad de una mejor regulación».
Propuestas para reducir el impacto ambiental
Entre las recomendaciones incluidas en el informe figuran la paralización de nuevas expansiones de competiciones internacionales, mayores restricciones a la participación de empresas vinculadas a los combustibles fósiles en el patrocinio deportivo y una integración más profunda de criterios de sostenibilidad en la gestión de clubes y organizaciones deportivas.
El documento también plantea reforzar el papel de los responsables de sostenibilidad en la toma de decisiones estratégicas y avanzar hacia modelos de gobernanza que incorporen objetivos ambientales de manera transversal.
Los autores sostienen que, dada su enorme influencia social y cultural, el fútbol puede desempeñar un papel relevante en la transición hacia modelos más sostenibles. Sin embargo, advierten de que alcanzar ese objetivo requerirá cambios estructurales que vayan más allá de las actuales medidas de adaptación y compensación de emisiones.
Las conclusiones del estudio formarán parte del libro Football and Climate Change: The Unsustainability of the Beautiful Game, cuya publicación está prevista para 2027.







