Científicos coreanos explican la gran variabilidad en los datos reportados hasta ahora sobre la concentración de microplásticos en la sal comestible y apuntan a que esta podría ser aún mayor de lo que se creía.

Científicos coreanos han revisado la literatura sobre la presencia de microplásticos en la sal de mesa

Tal y como predijeron los científicos concienciados con el medio ambiente, nuestro uso excesivo de plásticos se está volviendo contra nosotros. Los microplásticos, partículas de plástico de un tamaño inferior a unos pocos milímetros, se encuentran ahora en todas partes, y también en el agua de mar. Como era de esperar, estas diminutas partículas de plástico son perjudiciales tanto para el medio ambiente como para la salud, aunque sus efectos exactos aún no están claros.

Para conocer mejor el alcance del problema de los microplásticos, es necesario cuantificar en qué medida estamos expuestos a ellos. Se ha demostrado que la sal de mesa contiene microplásticos, lo que la convierte en un objetivo de estudio ideal para medir la exposición humana a estas micropartículas. Aunque muchos estudios han medido su concentración en diferentes sales comestibles, cada grupo de investigación utilizó metodologías de cuantificación muy diferentes, lo que provocó una gran variabilidad entre los resultados y puso en duda su validez.

Para abordar este problema, científicos de la Universidad Nacional de Incheon (Corea), han realizado una revisión sistemática de todos los trabajos publicados sobre los microplásticos en la sal de mesa y han analizado detalladamente las diferencias entre sus metodologías y resultados. Los resultados del estudio se han publicado en el Journal of Hazardous Materials.

Los investigadores hallaron que la concentración de micropartículas de plástico en la sal comestible según la literatura variaba bastante, y que los procedimientos de medición y preparación de muestras de cada estudio eran los causantes de estas diferencias. Sin embargo, las mayores diferencias se debían a los métodos utilizados para identificar los microplásticos, el tamaño mínimo de corte y los criterios de selección de las partículas.

El profesor Seung-Kyu Kim, que dirigió el estudio, lo explica: «Cuando no se corrige por los diferentes tamaños mínimos de corte de los microplásticos, el contenido de microplásticos difería de 10 a 600 veces entre los distintos métodos de identificación de los microplásticos, con los mayores valores originados por la observación visual y seguidos por los métodos de espectroscopia». Mientras tanto, los científicos encontraron una notable correlación entre las abundancias medias logarítmicas de microplásticos y el tamaño de corte mínimo utilizado, independientemente del método de identificación.

Los experimentos de validación con muestras adicionales de sal marina confirmaron una verdad sombría: es probable que consumamos anualmente muchos más microplásticos a través de la sal de mesa de lo que se estimaba en las revisiones bibliográficas anteriores.

El profesor Kim atribuye este problema a la simple comparación y recopilación de datos anteriores sin la debida validación y corrección. «La combinación de datos no verificados adquiridos mediante diferentes métodos no ha producido resultados fiables y relevantes para la salud, lo que a su vez socava nuestra capacidad para cuantificar con precisión el riesgo humano que suponen los microplásticos», concluye.

Es de esperar que este estudio ayude a los científicos a producir mejores datos y análisis más fiables a la hora de medir los microplásticos, y a concienciar sobre los contaminantes que emitimos regularmente en el medio ambiente y dentro de nuestro cuerpo.

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