Para determinar el impacto ecológico de la contaminación por plásticos, no basta con saber cuánta basura hay en el mar. También es necesario conocer las características de los residuos e identificar con mayor precisión los organismos que los colonizan.

Cómo los organismos marinos colonizan los plásticos
Los espirórbidos son pequeños gusanos poliquetos que construyen tubos calcáreos adheridos a superficies como los plásticos espumados. Imagen: ICM-CSIC.

Los residuos plásticos que llegan al mar no solo contaminan, sino que también pueden convertirse en hábitats móviles para numerosos organismos. Una investigación reciente, fruto de la colaboración entre el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC), la Universidad de Barcelona (UB) y la Universidad de Catania, muestra que no todos los plásticos desempeñan el mismo papel en este proceso: sus características físicas condicionan qué organismos los colonizan y pueden influir en su capacidad de dispersión por el Mediterráneo.

El estudio, publicado recientemente en la revista Journal of Hazardous Materials Advances, analiza cómo diferentes tipos de materiales plásticos recolectados en la costa de Barcelona son colonizados por distintos organismos. Los resultados muestran que las características del residuo desempeñan un papel importante a la hora de determinar qué comunidad se establece en ellos. Los plásticos rígidos, por ejemplo, presentaban una diversidad de organismos más elevada que los films.

Una de las asociaciones más destacadas se observó en los plásticos espumados, como el porexpan, utilizado comúnmente en cajas de transporte y embalajes industriales. En concreto, el equipo científico vio que los espirórbidos, unos pequeños gusanos poliquetos que construyen tubos calcáreos adheridos a las superficies, aparecían con más frecuencia en estos materiales de gran flotabilidad.

“Como pueden mantenerse en la superficie durante períodos prolongados, actúan como hábitats móviles y pueden transportar organismos a grandes distancias. Esto es especialmente importante para especies que tienen una fase larvaria corta y una capacidad de dispersión muy limitada”, destaca Gabriel Sonoda, investigador predoctoral del ICM-CSIC y autor principal del estudio.

Sonoda señala también que los espirórbidos son muy difíciles de diferenciar a simple vista; por eso, a menudo no se identifican hasta el nivel de especie en los estudios sobre residuos marinos. Para resolver estas limitaciones y conocer mejor qué especies colonizan los plásticos, el equipo está combinando análisis morfológicos y moleculares, una línea de trabajo aún en curso que permitirá afinar su identificación taxonómica.

Plásticos que se convierten en vehículos de dispersión

Este fenómeno, conocido como rafting o dispersión sobre objetos flotantes, permite que organismos con una capacidad de movimiento limitada lleguen potencialmente a zonas alejadas. Este proceso es especialmente relevante cuando se trata de especies no autóctonas, ya que puede ayudarles a superar barreras que difícilmente superarían de manera natural.

«Hemos identificado por primera vez tres especies de briozoos que no se habían documentado hasta ahora colonizando residuos plásticos. También hemos detectado tres especies no autóctonas, entre las que está el briozou Watersipora subtorquata, considerado invasor y asociado a impactos ecológicos y económicos en diferentes regiones templadas y tropicales», apunta Blanca Figuerola, investigadora del ICM-CSIC y autora principal del estudio.

Esta especie forma colonias densas que pueden recubrir tanto sustratos naturales como estructuras artificiales y competir con los invertebrados autóctonos por el espacio. Además, puede crecer incluso sobre superficies tratadas con pinturas destinadas a evitar que los organismos se adhieran a los cascos de los barcos, lo que puede darles una ventaja respecto a otras especies. Por último, sus colonias también pueden actuar como superficie de asentamiento para otros organismos, incluidas especies no autóctonas.

Todo esto pone de manifiesto la importancia de identificar a los organismos hasta el nivel de especie, ya que algunas especies no autóctonas podrían pasar desapercibidas si la monitorización se limita a grupos taxonómicos más amplios.

Según Figuerola, experta en briozoos, aunque la presencia de una especie no autóctona sobre un fragmento de plástico no implica necesariamente que se produzca una invasión ecológica, el transporte sobre estos residuos puede favorecer que el organismo llegue a una nueva zona y, si encuentra las condiciones adecuadas, se establezca y se reproduzca. Esto no significa que la especie vaya necesariamente a expandirse o generar impactos ecológicos, pero sí puede aumentar las oportunidades de introducción y establecimiento de especies no autóctonas. Este riesgo puede ser especialmente relevante en zonas costeras muy transformadas, donde los residuos plásticos son abundantes y pueden facilitar la dispersión de organismos hacia nuevos hábitats.

Repensar cómo se monitorea la basura marina

Los resultados ponen de manifiesto que, para determinar el impacto ecológico de la contaminación por plásticos, no basta con saber cuánta basura hay en el mar. También es necesario conocer las características de los residuos e identificar con mayor precisión los organismos que los colonizan.

«Es necesario que los programas de monitoreo ambiental integren el análisis de las propiedades físicas de los residuos, como la textura, el tipo de polímero o la flotabilidad, ya que estas características pueden ayudar a determinar su potencial como vectores biológicos”, señala Anna Sánchez-Vidal, profesora e investigadora de la Universidad de Barcelona y coautora del estudio.

Esta perspectiva permitiría identificar qué tipos de residuos conllevan un riesgo potencial más elevado para la dispersión de organismos y afinar las estrategias de prevención y gestión de la contaminación marina.

Con todo, la investigación da continuidad a una línea de trabajo iniciada por Figuerola y Sánchez-Vidal para entender hasta qué punto los plásticos pueden modificar la conectividad entre las comunidades marinas. En un estudio anterior, el equipo ya había alertado de que los residuos plásticos pueden actuar como vectores potenciales de dispersión de organismos marinos. El nuevo trabajo da un paso más y muestra que este potencial no es igual para todos los residuos, sino que depende de características como el tipo de plástico, la forma o la flotabilidad.

Actualmente, el equipo está desarrollando experimentos controlados en entornos portuarios, ya que estos espacios actúan a menudo como puntos de entrada de especies no autóctonas y concentran numerosos sustratos artificiales donde los organismos se pueden establecer. Paralelamente, aplica herramientas de genética de poblaciones para determinar el origen de las especies viajeras y evaluar con mayor precisión el riesgo de dispersión asociado a los diferentes tipos de plástico.

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