En una declaración conjunta, Recycling Europe, FEAD y EEB respaldan la metodología científica propuesta por la Comisión Europea, pero pide elevar los criterios de clasificación para acelerar las inversiones en tecnologías bajas en carbono.

Diversas organizaciones europeas vinculadas a la industria del reciclaje, la gestión de residuos y la economía circular han reclamado una mayor ambición en la futura definición de “acero verde” que prepara la Unión Europea en el marco del Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR, por sus siglas en inglés). En una declaración conjunta, Recycling Europe, FEAD y EEB respaldan la metodología desarrollada por el Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea, aunque consideran necesario endurecer los criterios de rendimiento previstos para garantizar una transformación efectiva del sector siderúrgico.
La iniciativa forma parte de los trabajos para desarrollar una etiqueta europea de acero verde que permita identificar y promover los productos con menor huella de carbono, incentivando al mismo tiempo las inversiones en tecnologías de producción bajas o libres de combustibles fósiles.
Según las organizaciones firmantes, la metodología propuesta por el JRC constituye actualmente la opción más adecuada para impulsar la descarbonización de la industria siderúrgica europea. El enfoque adopta una evaluación del ciclo de vida “de la cuna a la puerta” y establece umbrales fijos de emisiones, lo que permite reconocer adecuadamente la contribución del acero producido a partir de chatarra reciclada.
Los firmantes destacan que este modelo favorece las inversiones en procesos productivos basados en materias primas secundarias y tecnologías más sostenibles, al tiempo que ayuda a reducir la dependencia europea de materias primas vírgenes importadas. En particular, subrayan el papel estratégico de la chatarra férrica reciclada, ampliamente disponible en Europa y considerada un recurso clave para avanzar hacia una siderurgia más circular y con menores emisiones.
La declaración también señala que la metodología propuesta permitiría reconocer adecuadamente rutas de producción de acero primario libre de combustibles fósiles, como aquellas basadas en hierro reducido directamente mediante hidrógeno y hornos de arco eléctrico (DRI-EAF), consideradas esenciales para alcanzar los objetivos climáticos comunitarios.
Además de sus beneficios ambientales, las organizaciones consideran que este enfoque contribuiría a reforzar la autonomía estratégica europea al reducir la necesidad de importar mineral de hierro y otros recursos primarios procedentes de terceros países.
Los firmantes advierten asimismo de que un eventual cambio metodológico en esta fase del proceso podría retrasar la implantación de la etiqueta de acero verde y generar incertidumbre entre los inversores. A su juicio, la propuesta del JRC mantiene la coherencia con otros desarrollos regulatorios en curso bajo el ESPR y con la normativa europea aplicable a los productos de construcción.
No obstante, la principal crítica de la declaración se dirige a los niveles de exigencia previstos para las futuras clases de rendimiento ambiental. Las organizaciones consideran que los umbrales actualmente planteados son demasiado conservadores y permitirían que productos fabricados mediante tecnologías intensivas en carbono obtuvieran clasificaciones favorables sin realizar esfuerzos adicionales de descarbonización.
Como ejemplo, señalan que gran parte de las instalaciones siderúrgicas convencionales europeas podrían cumplir ya los requisitos de la clase B propuesta para determinados productos planos de acero, pese a mantener niveles de emisiones cercanos a los actuales promedios del sector. De igual modo, alertan de que algunos productos fabricados mediante rutas basadas en combustibles fósiles podrían acceder a las categorías más favorables del sistema.
Por ello, las entidades firmantes proponen restringir significativamente el acceso a las clases ambientales superiores y reservar las categorías A y B únicamente para los productos con mejor desempeño climático. En concreto, plantean que solo el 10% de los aceros con menor huella de carbono puedan acceder a estas categorías, frente al 30% contemplado en la configuración actual.
Según la declaración, una clasificación más exigente permitiría diferenciar claramente los productos verdaderamente bajos en carbono, orientar mejor las compras públicas sostenibles y acelerar las inversiones necesarias para la transformación del sector siderúrgico europeo.
Las organizaciones concluyen que una definición rigurosa y basada en criterios científicos será fundamental para que la futura etiqueta de acero verde contribuya de forma efectiva a la descarbonización industrial, al fortalecimiento de la economía circular y al aprovechamiento del potencial del reciclaje de acero en Europa.







