Aunque las tecnologías de clasificación avanzan, todavía estamos lejos de contar con sistemas capaces de gestionar eficazmente residuos mezclados, por lo que la separación en origen es actualmente un pilar fundamental en el reciclaje.

Contenedores para separar los residuos
Contenedores de residuos municipales. Foto: RESIDUOS PROFESIONAL

Los ciudadanos españoles están obligados por ley a repartir sus desechos domésticos en los distintos contenedores disponibles. De hecho, un 82 % de los hogares cuenta con al menos dos espacios distintos para separar su basura.

Mientras, la tecnología avanza y los métodos de clasificación automática se vuelven cada vez más sofisticados. Si se puede hacer de esta manera, ¿sigue siendo útil, aun en 2024, que los españoles asuman la responsabilidad de separar su basura doméstica de forma manual?

Concienciación como prioridad

Ya el artículo 8 de la ley de residuos 7/2022 establece que los ayuntamientos deben llevar a cabo medidas incentivadoras, como campañas de concienciación pública, para promover la separación de residuos.

El sector privado, tampoco se queda atrás. FCC Medio Ambiente o Urbaser, las dos empresas que más facturan en este sector en España, dedican esfuerzos a realizar campañas de concienciación. Lo mismo hace el sistema colectivo Ecoembes, formado por más de 17 000 empresas envasadoras y de comercio.

Campaña para separar los residuos en casa
Campaña de concienciación de reciclaje de Ecoembes en el Ayuntamiento de la Villa de Moya, Gran Canaria. Ecoembes/Ayuntamiento Villa de Moya

La difusión se lleva a cabo a través de múltiples métodos, como talleres, presenciales u online, o folletos informativos en los buzones. Un buen resumen de las diversas medidas se puede encontrar en el informe Evaluación de actuaciones de educación, comunicación y sensibilización en materia de residuos del MITECO.

De forma paralela, existen en el mundo múltiples técnicas automáticas para separar materiales en las plantas de gestión de residuos, aprovechando características físicas y químicas de los materiales como su tamaño, peso, propiedades electromagnéticas, ópticas, etc.

Sin embargo, los materiales son cada vez más diversos y complejos, por lo que su separación es un reto en constante necesidad de superación.

La sociedad es consciente de este problema. Prueba de ello es el creciente número de publicaciones científicas relativas a la clasificación de residuos en los últimos años. La cifra anual se incrementa a razón exponencial desde 1970, con más de 3 000 artículos sobre el tema en el año 2023.

En el caso de España, según se indica en el informe de 2023 de la Fundación Cotec para la Innovación, los niveles de reciclado se sitúan todavía muy por debajo de los de la Unión Europea. En 2021, el vertedero seguía siendo el principal destino del 51.91 % de los residuos domésticos. El reciclaje, junto con el compostaje, suponía menos del 40 % de la distribución total. El resto acababa incinerado.

Por tanto, la industria española todavía necesita cubrir grandes huecos de inversión e investigación, así como una mayor digitalización, como también indica el informe de 2021 del Centro Tecnológico de la Energía y del Medio Ambiente (CETENMA).

La punta del iceberg

Según el INE, en 2021, los residuos de los hogares españoles constituyeron un 19,6 % del total. El restante 80.4 % proviene de sectores como la agricultura y la ganadería, la industria, la construcción o los servicios.

Código de colores para separar los residuos
Código internacional de colores para la clasificación de residuos de residuos. Martin de Santa Cruz / Wikimedia Commons, CC BY

 

Por tanto, aun con un 82 % de hogares españoles que aseguran hacer separación de su basura, tan solo el 7,8 % de los residuos totales que se produjeron en España en 2021 fueron de origen doméstico y reciclados al final del proceso. De este 7,8 %, ¿cuánto se atribuye a la colaboración individual de los ciudadanos?

El porcentaje exacto es difícil de cuantificar, si no imposible. Lo que sí se puede afirmar es que no sería la totalidad, ya que la separación inicial es tan solo la punta del iceberg. La cadena de procesamiento de los residuos domésticos es muy amplia y depende de muchos factores, como su financiación o sus límites tecnológicos.

En España, los servicios de recogida y gestión de residuos son financiados por aquellos que los producen (“quien contamina paga”). En el caso de los desechos domésticos, tanto los hogares como las empresas envasadoras y comerciantes contribuyen a sufragar los costes.

Esto implica que, si los ciudadanos no separasen manualmente su basura, los costes de gestión o de compensación por daños se incrementarían. Aunque es complicado predecir cuánto, un estudio reciente valoró los daños ambientales producidos en Chile por residuos sin separar en 297 euros por tonelada (129 euros per cápita anuales en el año del estudio). Esta cifra puede interpretarse como el coste de la compensación ambiental por tonelada de residuo no gestionado.

¿Quién asumiría el coste si no hubiera recogida selectiva?

Es complicado predecir si un coste equivalente en España sería superior a su utilidad marginal. Es decir, si los ciudadanos estarían dispuestos a asumirlo para no tener que separar su basura. Teniendo en cuenta que España está lejos de ir tecnológicamente en cabeza, es probable que los costes sean suficientemente altos como para que la respuesta sea negativa.

En última instancia, el papel activo del ciudadano, aunque responde a una responsabilidad ambiental limitada (menor al 7,8 %) cubre de manera agregada los huecos que la tecnología aún no puede cubrir. Además, previene un aumento de los costes de gestión, que no todos podrían estar dispuestos o capacitados para asumir.

Aunque la tecnología avanza, la sociedad todavía está lejos de contar con sistemas capaces de gestionar eficazmente residuos plenamente no separados. Por lo que, actualmente, la previa separación es un pilar fundamental en el reciclaje. Solo con tiempo, inversión e investigación se podrá aspirar a un sistema que minimice la necesidad de intervención manual por parte de los ciudadanos.

Fuente:
The Conversation

The Conversation

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