La investigación, liderada por la Universidad de Utrecht y la Agencia de Evaluación Ambiental de Países Bajos, concluye que no existe una única fórmula para avanzar hacia la circularidad urbana.

Cuatro tipos de ciudad circular
El estudio revela que no existe un modelo único para convertirse en una «ciudad circular». Foto: Jimmyk photos em Pexels

Las ciudades están adoptando cada vez más estrategias de economía circular para reducir emisiones, minimizar residuos y optimizar el uso de recursos. Sin embargo, un nuevo estudio elaborado por la Universidad de Utrecht y la Agencia de Evaluación Ambiental de Países Bajos (PBL) concluye que no existe un modelo único de “ciudad circular”, sino diferentes enfoques adaptados a las prioridades y características locales de cada territorio.

La investigación analizó las estrategias de circularidad de 26 ciudades y se apoyó en 18 entrevistas realizadas a responsables municipales encargados de implementar estas políticas. El trabajo, liderado por Mugur Schuppler, investigador de doctorado en el Instituto Copérnico de Desarrollo Sostenible, identifica cuatro grandes tipologías o “arquetipos” de ciudad circular, definidos según el alcance, los sectores implicados y el grado de transformación de las medidas adoptadas.

El primero de estos modelos corresponde a ciudades centradas en nichos concretos y en la optimización comunitaria, con actuaciones focalizadas en ámbitos de alto impacto como la edificación o la contratación pública, apoyadas en acciones de sensibilización y formación.

El segundo grupo engloba a las denominadas ciudades transformadoras diversificadas, que despliegan medidas innovadoras en múltiples sectores, entre ellos la alimentación, la construcción y las compras públicas.

La tercera categoría reúne a ciudades colaborativas diversificadas, caracterizadas por trabajar de forma conjunta con actores públicos y privados para introducir mejoras graduales en sectores tradicionales como los residuos, la construcción o la alimentación.

Por último, el estudio identifica a las ciudades conformistas de nicho, que se centran principalmente en perfeccionar prácticas ya existentes en áreas concretas, especialmente relacionadas con el entorno construido y la gestión alimentaria.

«Nuestros hallazgos muestran que el concepto de ‘ciudad circular’ no es una fórmula única válida para todos los casos. Se trata, más bien, de un continuo de enfoques adaptados a cada contexto local que varían en alcance, escala y estilo», afirma Schuppler.

Según los autores, esta clasificación busca aportar mayor claridad sobre cómo las ciudades están aplicando en la práctica la economía circular y ofrecer a los responsables municipales una herramienta para comparar estrategias y compartir experiencias con otras ciudades que afrontan retos similares.

La investigación, publicado en Journal of Industrial Ecology, subraya además el papel estratégico de las ciudades en la transición circular. Aunque los entornos urbanos concentran una parte importante de las emisiones globales, también cuentan con capacidad para impulsar cambios en sectores clave vinculados al consumo de materiales, la movilidad, la construcción y la gestión de residuos.

Los autores consideran que este enfoque comparativo puede facilitar el intercambio de conocimiento entre municipios y contribuir al desarrollo de políticas urbanas más adaptadas a las necesidades y capacidades locales.

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