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El uso de residuos de alimentos fermentados ​​puede mejorar el crecimiento de los cultivos, según una nueva investigación recientemente publicada.

Proponen aprovechar el desperdicio alimentario en la producción de nuevos alimentos

Científicos de la Universidad de California Riverside (UCR) han descubierto que los residuos de alimentos fermentados pueden potenciar las bacterias que aumentan el crecimiento de los cultivos, haciendo que las plantas sean más resistentes a los patógenos y reduciendo las emisiones de carbono de la agricultura.

«Los microbios beneficiosos aumentaron drásticamente cuando añadimos residuos de alimentos fermentados a los sistemas de cultivo de plantas», explica la microbióloga de la UCR Deborah Pagliaccia, que dirigió la investigación. «Cuando hay suficientes de estas bacterias beneficiosas, producen compuestos antimicrobianos y metabolitos que ayudan a las plantas a crecer mejor y más rápido«.

Como las plantas de este experimento se cultivaron en un invernadero, los beneficios de los productos de desecho se conservaron dentro de un sistema de riego cerrado. Las raíces de las plantas recibían una nueva dosis del tratamiento cada vez que se regaban.

«Este es uno de los principales objetivos de esta investigación -afirma Pagliaccia-. Crear un ciclo sostenible en el que ahorramos agua reciclándola en un sistema de riego cerrado y, al mismo tiempo, añadimos un producto procedente de residuos alimentarios que ayuda a los cultivos en cada ciclo de riego».

Los resultados de la investigación se han descrito recientemente en un artículo publicado en la revista Frontier in Sustainable Food Systems.

Desviar residuos de los vertederos

El desperdicio de comida supone una grave amenaza para el planeta. Sólo en Estados Unidos se tira el 50% de los alimentos. La mayor parte de estos residuos no se reciclan, sino que ocupan más del 20% del volumen de los vertederos estadounidenses.

Este desperdicio no sólo representa una pérdida económica, sino también un importante despilfarro de los recursos de agua dulce utilizados para producir alimentos, y un mal uso de lo que, de otro modo, podría alimentar a millones de personas.

Para ayudar a combatir estos problemas, el equipo de investigación de la UCR buscó usos alternativos para los residuos alimentarios. Examinaron con subproductos de dos tipos de residuos fácilmente disponibles en el sur de California: el puré de cerveza -un subproducto de la producción de cerveza- y los residuos alimentarios mixtos desechados por las tiendas de comestibles.

Ambos tipos de residuos fueron fermentados y luego añadidos al sistema de riego de las plantas de cítricos en un invernadero. En 24 horas, la población media de bacterias beneficiosas era de dos a tres veces mayor que en las plantas que no recibieron los tratamientos, y esta tendencia continuó cada vez que los investigadores añadían tratamientos.

Mejora de los suelos

La científica medioambiental de la UCR Samantha Ying estudió entonces nutrientes como el carbono y el nitrógeno en el suelo de los cultivos tratados. Su análisis mostró un pico en la cantidad de carbono después de cada tratamiento con productos de desecho, seguido de una meseta, lo que sugiere que las bacterias beneficiosas utilizaron el carbono disponible para reproducirse.

Pagliaccia explica que este hallazgo repercute en el crecimiento de las bacterias y en los propios cultivos. «Si los subproductos de los residuos pueden mejorar la relación entre el carbono y el nitrógeno en los cultivos, podemos aprovechar esta información para optimizar los sistemas de producción«, dice.

Otro hallazgo a destacar es que ni el puré de cerveza ni los productos mixtos de residuos alimentarios dieron positivo en las pruebas de Salmonella u otras bacterias patógenas, lo que sugiere que no introducirían ningún elemento dañino en los cultivos alimentarios.

Los resultados del trabajo sugieren que el uso de estos dos tipos de subproductos alimentarios en la agricultura es beneficioso y podría complementar el uso de aditivos químicos sintéticos por parte de los agricultores, en algunos casos aliviando por completo el uso de dichos aditivos. A su vez, los cultivos serían menos costosos.

«Debemos pasar de nuestra economía lineal de ‘tomar-hacer-consumir-desechar’ a una circular en la que usamos algo y luego le encontramos un nuevo propósito. Este proceso es fundamental para proteger nuestro planeta del constante agotamiento de los recursos naturales y de la amenaza de los gases de efecto invernadero», sentencia Pagliaccia.

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