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Si se extrae biomasa para bioenergía, para producir astilla o pellets, se podría llegar a modificar de manera importante el régimen de incendios.

Los resultados de un nuevo estudio permitirían integrar la gestión forestal con el uso de energías renovables, ayudando a los gestores del territorio a la hora de optimizar los programas de lucha contra incendios forestales. Según los autores, este tipo de extracción es una estrategia eficiente y económica para tratar de reducir el combustible forestal.

El estudio, que se ha publicado en la revista Ecosystems, se basa en un modelo que reproduce las interacciones entre el fuego, la vegetación y la extracción de biomasa en un paisaje mediterráneo. Así han llegado a la primera evaluación cuantitativa de esta práctica hasta 2050.

Según Adrián Regos, autor principal del artículo e investigador en el Centro Tecnológico Forestal de Cataluña (CTFC), la extracción de biomasa puede llegar a ser una estrategia eficaz de prevención de incendios “siempre y cuando se tengan en cuenta la ubicación de los tratamientos, la intensidad, y la capacidad del cuerpo de bomberos de aprovechar las oportunidades creadas“.

En este sentido, el artículo apunta a que potencialmente se podría reducir la superficie quemada, especialmente si la extracción de biomasa se ubica de manera estratégica en áreas de alto riesgo de incendio, y según los modelos, podría llegar a suponer hasta un 60% de reducción.

Además, toda esta información “serviría de piedra angular para que los programas de prevención de incendios implementen y optimicen los tratamientos de reducción de combustible de la manera más eficiente“, añade el científico.

OPORTUNIDAD PARA CONVERGER BOSQUES, ECONOMÍA Y ENERGÍA

El estudio también pone de manifiesto las sinergias que podría presentar esta estrategia con las políticas socioeconómicas y energéticas, fortaleciendo el vínculo entre el sector forestal y el energético. El uso de la bioenergía está creciendo y vincularlo con una política de consumo de proximidad podría favorecer la falta de gestión forestal en muchos puntos del territorio.

Incentivar esta gestión tanto a nivel público como privado implicaría nuevos modelos de gobernanza a nivel local, especialmente en aquellas políticas vinculadas a los fondos europeos de desarrollo rural y regional (FEDER y FEADER), que son las que más potencial tienen.

Entre las consideraciones que los autores hacen al respecto, no solo resalta el beneficio socioeconómico de la biomasa en sí, sino “el efecto positivo de esta actividad en una posible reducción del coste de extinción de los incendios”, comenta Lluís Brotons, investigador del CTFC, CREAF y CSIC, y uno de los impulsores del estudio.

Por este motivo, también consideran oportuno recordar que es necesario combinar prácticas de extracción de biomasa con otros tratamientos de reducción de combustible acumulado en el sotobosque, ya sean mecánicos o mediante quemas prescritas, aquellas en que se aplica fuego intencionado y controlado al sotobosque con este propósito.

Fuente: SiNC/CTFC

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