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La mayoría de los escombros resultantes de la demolición de edificios –que pueden contener varios miles de ladrillos enteros– van a parar a vertederos o bien se trituran para darles otros usos. Esto conlleva que dichos elementos no pueden ser reutilizados en nuevas construcciones, para las que se tiene que recurrir siempre al uso de nuevos ladrillos. Pero su fabricación supone un proceso industrial que requiere un uso intensivo de energía y recursos, con su consiguiente impacto medioambiental.

ladrillos
Los ladrillos pueden tener una vida útil de cientos de años. Foto: LisaW123 en Flickr (cc)

No obstante, esta situación podría revertirse, al menos en parte, gracias al proyecto europeo Rebrick (“Market uptake of an automated technology for reusing old bricks”), en el que se ha desarrollado y probado un novedoso sistema que clasifica automáticamente los residuos generados en una demolición, separando los ladrillos reutilizables.

El coordinador de este proyecto, Claus Nielsen, de la compañía danesa Gamle Mursten, se lamenta de que “los ladrillos pueden durar fácilmente varios siglos, pero los que se encuentran en escombros resultantes de una demolición sencillamente se desechan o, en el mejor de los casos, se trituran y emplean como material agregado para aplicaciones de grado inferior como la construcción de carreteras o subbases”.

“En el mundo hay millones de edificios de ladrillos. Cada vez que se demuele uno de ellos, sus ladrillos podrían aprovecharse. –añade Nielsen– Podemos reutilizar los ladrillos, transferir su historia y aplicar su carácter a edificios nuevos; así se convierten en ejemplos tangibles del potencial que encierran los escombros de demolición”.

El sistema de Rebrick, patentado ahora por Gamle Mursten, permite eliminar de forma automática el cemento y el hormigón de los ladrillos viejos. Posteriormente, estos se pueden reutilizar a en nuevas construcciones.

Las entidades asociadas al proyecto han logrado progresos a una velocidad excepcional, y en menos de dos años han puesto en funcionamiento en Dinamarca dos plantas de limpieza de ladrillos. Ahora se han propuesto establecer dos plantas más en otros países como Polonia y Alemania, en cuyos sectores de demolición existe una gran actividad.

Si lo consiguen, el sistema de Rebrick podría propiciar una reducción anual de los residuos de 24.000 toneladas en el segundo año tras la finalización del proyecto.

Según explicó Nielsen, este método “asegura la disponibilidad de un material de construcción sostenible y, al mismo tiempo, genera empleo ecológico y contribuye a una producción sostenible y a un desarrollo respetuoso con el medio ambiente en los sectores de la construcción y la arquitectura”.

La competitividad de este sistema está ya demostrada, puesto que las dos plantas operativas en la actualidad están vendiendo todos los ladrillos reciclados que producen. Según Nielsen, ha sido prácticamente imposible mantener existencias debido a la elevada demanda.

Fuente:
Cordis

 

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