Los restaurantes mexicanos, sobre todo aquellos dedicados a la comida rápida, generan enormes cantidades evitables de residuos inorgánicos, fruto de estilos de vida impuestos en las grandes capitales.

Comida rápida

En el corazón de la Ciudad de México se pueden observar despilfarros de papel y plástico, principalmente derivados del uso de pajitas y bolsas que envuelven los platos en los que se sirve la comida que a diario alimenta a millones de mexicanos.

Llama la atención la comanda de papel, en la que el comensal ordena la comida pintando a bolígrafo el menú, haciendo así la selección de lo que va a comer. Posteriormente esa comanda se la queda el camarero para iniciar la orden y poco se sabe de qué pasa con ella.

La asesora principal de la Cooperación Alemana para el Desarrollo Sustentable en México, Sandra Herrera, contó a Efe que este hábito “corresponde a una cultura de los restaurantes de tener algo que conste cuál fue el pedido de cada una de las mesas”. Así, luego pueden establecer una comparativa de lo que va saliendo de la cocina, indicó.”Te puedo asegurar que no se recicla ese papel, por lo menos no en el restaurante, pasan a sus áreas de contabilidad para que se hagan auditorías”, explicó.

Asimismo, manifestó que muchos restaurantes están en transición para ordenar la comanda de manera digital, lo que “va a dar muchísima salida al papel de los establecimientos de venta de alimentos”.

La pajita y el vaso de plástico

Otra costumbre que llama la atención es la de la pajita y el vaso de plástico, servidos en la mayoría de taquerías de la ciudad sin preguntar antes al consumidor si desea evitar esa opción más contaminante para el medio ambiente.

Según la experta, el tiempo de degradación de un pajita de plástico es de 200 años.

La exsubsecretaria de Fomento y Normatividad Ambiental de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) relató que la tradición de usar pajita se remonta a los años 70, cuando se utilizaba por higiene para protegerse de un posible mal lavado del vaso.

En la costa, la situación de la pajita no es muy distinta a la de la capital, ya que se están encontrando, junto a otros muchos plásticos, “en el interior de muchos de los animales que habitan el océano”.

En los puestos callejeros en los que la gente come de pie a ras del asfalto, los platos que se entregan vienen envueltos en una bolsa de plástico que, una vez el comensal termina de comer, se desecha, dejando el plato impoluto, listo para utilizarse otra vez.

Uno de los encargados de un puesto en plena calle, José Antonio Castillo, al ser preguntado por si era contaminante el uso del plástico, respondió que “es más feo ponerle un papel”.

Plástico o gasto agua

Una chica que comía en el puesto, Paola Luna, expresó a Efe creer que “lo utilizan por higiene”. “Podría hacerse uso del plato y lavarlo, pero no sé qué es peor: contaminar con el plástico o lavar y gastar más agua”, comentó. Herrera sustentó esta afirmación reconociendo que los puestos callejeros se ven obligados a elegir.

Entre el desperdicio se encuentran algunas excepciones, como el uso de polipapel en el plato en lugar de plástico común. El taquero Rodolfo Torres aseguró que lo utilizan “porque es menos contaminante que el plástico”.

La especialista indicó que “en las ciudades va creciendo el residuo inorgánico por la forma en la que vivimos”, en referencia a los puestos de tacos. “Hay que entender que la dinámica de las ciudades es atender a todo aquel que esté en tránsito o que su trabajo está muy lejos de su casa”, argumentó. “Muchas veces a las personas no se les da oportunidad de traer comida desde su casa y acuden a estos sitios”, agregó.

La gente en tránsito favorece la proliferación de alimentos en vía pública y la generación de residuos que, según el último Diagnóstico Nacional de Residuos que se hizo en el país, en 2012, las metrópolis más pobladas generan 1,5 kilogramos de residuos al día por cada individuo, un total de 547 kilos al año.

Fuente:
Efeverde

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