La entrada en vigor de la medida obliga a las empresas a buscar alternativas para los productos no vendidos y favorece el desarrollo de startups especializadas en reciclaje, logística inversa, reparación y nuevos materiales.

Ence apuesta por el reciclaje químico de residuos textiles

A partir del próximo 19 de julio, las empresas de la Unión Europea ya no podrán destruir prendas de vestir, complementos y calzado que permanezcan sin vender. La prohibición, incluida en el Reglamento europeo de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR), obligará a fabricantes y distribuidores a implantar sistemas de reutilización, reparación, donación, reventa o reciclaje para gestionar estos excedentes, reforzando el papel de la economía circular en el sector textil.

La nueva normativa pone fin a prácticas como la incineración, trituración o inutilización deliberada de productos nuevos y exige, además, que las compañías documenten las medidas adoptadas para gestionar estos artículos. El objetivo es reducir el desperdicio de recursos y fomentar modelos de producción y consumo más sostenibles.

Aunque la regulación se centra en los excedentes comerciales, diversos expertos recuerdan que el principal desafío continúa siendo el elevado volumen de residuos textiles que se genera tras la venta de los productos, impulsado por el auge de la moda rápida, la escasa vida útil de muchas prendas y las limitadas tasas de reutilización y reciclaje.

En este contexto, la innovación tecnológica adquiere un papel cada vez más relevante para desarrollar soluciones que permitan prolongar la vida útil de los textiles y recuperar materiales de mayor valor. Diversas startups impulsadas por la Circular Valley Foundation trabajan precisamente en este ámbito con propuestas que abarcan desde el reciclaje avanzado hasta nuevos modelos de reutilización.

Entre ellas figura la alemana Circularity, que desarrolla sistemas cerrados para reciclar ropa laboral. Su tecnología permite convertir uniformes desechados en nuevos hilos y tejidos reciclados, manteniendo los materiales dentro de un mismo ciclo productivo y reduciendo la necesidad de materias primas vírgenes.

La brasileña Poliverde centra su actividad en la recuperación de residuos de nailon generados durante la fabricación textil. Estos materiales se transforman posteriormente en materia prima de alta calidad para producir nuevos tejidos y otras aplicaciones industriales.

Por su parte, la colombiana Gescol ha desarrollado un proceso para valorizar calzado fuera de uso y residuos de poliuretano, obteniendo materiales destinados a la construcción y otros sectores industriales, ampliando así las posibilidades de aprovechamiento de residuos que tradicionalmente resultaban difíciles de reciclar.

Otra de las iniciativas destacadas es BioFashionTech, que emplea procesos biotecnológicos para separar fibras mezcladas presentes en muchos tejidos actuales, uno de los principales obstáculos para el reciclaje textil. La tecnología permite recuperar nuevos materiales de origen biológico a partir de prendas complejas, mejorando las opciones de valorización de este tipo de residuos.

En el ámbito de la simbiosis entre sectores, PaperEarth propone reutilizar residuos textiles como materia prima para fabricar papel de embalaje, sustituyendo fibras vírgenes de madera y ofreciendo una nueva vía de aprovechamiento para materiales que, de otro modo, acabarían desechados.

Más allá de las innovaciones tecnológicas, también comienzan a implantarse modelos organizativos orientados a incrementar la reutilización de prendas. En Alemania, la empresa pública de gestión de residuos AWG Wuppertal y el grupo GESA han ampliado su colaboración para incorporar textiles a sus actividades. El sistema combina la recogida selectiva domiciliaria con la limpieza, reparación y posterior puesta a la venta de las prendas recuperadas, mejorando tanto la calidad del material recogido como sus posibilidades de reutilización.

La entrada en vigor de la prohibición europea marca un cambio de enfoque en la gestión de los productos textiles no vendidos. Sin embargo, el éxito de la medida dependerá de la capacidad del sector para desarrollar soluciones que aborden todo el ciclo de vida de las prendas, desde el ecodiseño y la logística inversa hasta la reutilización y el reciclaje de alta calidad. En este escenario, las startups especializadas en economía circular se perfilan como uno de los principales motores de innovación para reducir la generación de residuos textiles y favorecer el aprovechamiento de los materiales.

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