Un estudio internacional demuestra la presencia generalizada de “químicos eternos” en ecosistemas remotos y propone un método no invasivo para monitorizar la contaminación ambiental

Utilizan pingüinos para detectar PFAS en la Patagonia
Un pingüino de Magallanes adulto junto a su cría durante la temporada de cría. Foto: Ralph Vanstreels/UC Davis

Un equipo de investigadores de la Universidad de California en Davis (UC Davis) y la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo (SUNY) ha identificado la presencia de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) en la costa patagónica argentina mediante un innovador sistema de monitorización basado en pingüinos.

El estudio, publicado en la revista Earth: Environmental Sustainability, utilizó sensores pasivos de silicona colocados en las patas de 54 pingüinos de Magallanes durante las temporadas reproductivas de 2022 a 2024. Estos dispositivos, de carácter no invasivo, permitieron absorber compuestos químicos presentes en el agua, el aire y las superficies con las que los animales entraban en contacto durante sus desplazamientos para alimentarse.

Los análisis posteriores, realizados en la Universidad de Buffalo, revelaron la presencia de PFAS —conocidos como “químicos eternos” por su persistencia en el medio ambiente— en más del 90% de los sensores, a pesar de tratarse de una región considerada remota.

Utilizan pingüinos para detectar PFAS en la Patagonia
Muestreador pasivo de silicona para la detección de sustancias químicas, colocado a modo de tobillera en un pingüino. Foto: Ralph Vanstreels/UC Davis

Según los autores, esta metodología supone un avance frente a técnicas tradicionales, basadas en la extracción de sangre o plumas. “Los pingüinos seleccionan por sí mismos los puntos de muestreo, lo que permite identificar áreas clave donde profundizar en la monitorización ambiental”, señala el veterinario Ralph Vanstreels, coautor del estudio.

Los resultados también evidencian una transición en los contaminantes detectados: junto a compuestos históricos, se identificaron nuevas generaciones de PFAS, como GenX, desarrolladas como alternativas a sustancias ya restringidas. Sin embargo, su presencia en la Patagonia sugiere que estos compuestos no permanecen en las zonas donde se producen, sino que se dispersan a escala global.

“La detección de estos sustitutos en entornos tan alejados plantea dudas sobre su persistencia y su potencial impacto en la fauna”, explica Diana Aga, autora principal del estudio.

Desde la perspectiva de la gestión ambiental, el trabajo destaca el potencial de esta herramienta para identificar fuentes de contaminación en entornos acuáticos de difícil acceso, incluyendo vertidos de petróleo, naufragios o emisiones industriales.

Los investigadores prevén ampliar el uso de esta técnica a otras especies marinas, como los cormoranes, con el objetivo de mejorar la vigilancia de contaminantes y reforzar las estrategias de conservación.

El estudio ha contado además con la participación de investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET), y ha sido financiado por el Houston Zoo.

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