Expertos, instituciones y sociedad civil coinciden en que el impulso normativo no será suficiente sin cambios culturales y nuevos enfoques financieros para escalar proyectos.

Jornadas de la CE sobre economía circular

La economía circular volvió a situarse en el centro del debate europeo durante la celebración de una conferencia organizada por la Comisión Europea que reunió la semana pasada a representantes de instituciones comunitarias, sociedad civil, academia, industria y jóvenes. El encuentro abordó desde los avances legislativos hasta el impacto social de este modelo, con especial atención a los obstáculos que frenan su desarrollo.

Uno de los ejes principales fue el futuro marco normativo europeo, en particular la próxima Ley de Economía Circular (Circular Economy Act ), llamada a reforzar la oferta y la demanda de materias primas secundarias. Esta iniciativa busca, además, fortalecer la autonomía estratégica de Europa, reducir su dependencia de recursos críticos y mejorar su competitividad. No obstante, los participantes señalaron que la norma, aún en desarrollo, requerirá ajustes y un proceso continuo de evaluación una vez entre en vigor.

Más allá del ámbito regulatorio, la financiación emergió como una de las principales barreras para el crecimiento de proyectos y empresas circulares. Según se puso de manifiesto, las entidades financieras muestran reticencias a invertir en modelos de negocio con los que no están familiarizados y con escaso historial de éxito. Ante esta situación, se plantearon dos líneas de actuación: por un lado, mejorar la formación y sensibilización del sector financiero sobre las oportunidades de la economía circular; por otro, canalizar inversiones hacia fondos de capital más proclives a asumir este tipo de iniciativas.

Junto a los retos económicos, la dimensión social ocupó un lugar central en las discusiones. Los expertos coincidieron en que la transición hacia la circularidad implica un cambio profundo de mentalidad que no puede imponerse únicamente mediante legislación. En este sentido, se subrayó el papel clave de la sociedad civil para impulsar transformaciones en los hábitos de consumo y producción.

Durante el encuentro se destacó la necesidad de acercar los principios circulares a la ciudadanía mediante proyectos locales que traduzcan conceptos abstractos en experiencias concretas. Iniciativas que fomenten la reparación frente al descarte, el alquiler frente a la compra o el aprovechamiento de recursos pueden contribuir a generar una mayor implicación social. Asimismo, se insistió en la importancia de incorporar la voz de los jóvenes en la toma de decisiones, dado que serán quienes afronten las consecuencias de las políticas actuales.

El debate también abordó la conexión entre la economía circular y la bioeconomía, así como el papel de los llamados “agentes de transición” para facilitar la implementación de nuevos modelos. Todo ello en un contexto en el que la tasa de circularidad en Europa se sitúa en torno al 12%, lo que evidencia el amplio margen de mejora.

En este escenario, marcado por la emergencia climática y las tensiones geopolíticas que ponen de relieve la vulnerabilidad de las cadenas de suministro, los participantes coincidieron en la urgencia de acelerar la transición. El consenso fue claro: avanzar hacia una economía circular ya no es una opción, sino una necesidad inaplazable.

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