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Una reciente investigación de la Universidad de Ohio demuestra que, en numerosos casos, aumentar la vegetación alrededor de zonas emisoras de contaminación con nuevos árboles y plantas mejora la calidad del aire de forma más efectiva y barata que con equipos tecnológicos.

La naturaleza podría ser el mejor aliado contra la contaminación del aire

Agregar plantas y árboles a los paisajes cercanos a las fábricas y otras fuentes de polución podría reducir la contaminación del aire en un promedio del 27%, según sugiere una investigación reciente de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos.

El estudio muestra que las plantas -no las tecnologías- pueden ser opciones más baratas para limpiar el aire cerca de áreas industriales, carreteras, centrales eléctricas, calderas o zonas de perforación para la extracción de petróleo y gas.

De hecho, los investigadores encontraron que en el 75% de los lugares analizados, era más barato usar plantas para mitigar la contaminación del aire que agregar intervenciones tecnológicas -como depuradoras en chimeneas- a las fuentes de contaminación.

«El hecho es que tradicionalmente, especialmente como ingenieros, no pensamos en la naturaleza; nos concentramos en poner tecnología en todo», dice Bhavik Bakshi, autor principal del estudio y profesor de ingeniería química y biomolecular de la Universidad Estatal de Ohio.

El estudio, publicado en la revista Environmental Science & Technology, demostró que las soluciones a la contaminación atmosférica basadas en la naturaleza podrían, en muchos casos, ser mejores que la tecnología.

No obstante, el análisis encontró que para un sector específico -la calderería industrial- la tecnología es más barata para limpiar el aire que las mejoras del ecosistema. Y para la industria manufacturera -un sector muy amplio- tanto los ecosistemas como la tecnología podrían ofrecer ahorros de costes, dependiendo del tipo de fábrica.

Análisis en 48 estados

Para empezar a entender el efecto que los árboles y otras plantas podrían tener en la contaminación del aire, los investigadores recolectaron datos públicos sobre la contaminación del aire y la vegetación en una gran variedad de zonas de 48 estados del país. Luego, calcularon lo que podría costar añadir árboles y plantas adicionales.

Sus cálculos incluían la capacidad de la vegetación actual – incluyendo árboles, pastizales y matorrales – para mitigar la contaminación del aire. También consideraron el efecto que la restauración de plantaciones podría tener sobre los niveles de contaminación del aire. Estimaron el impacto de las plantas en los contaminantes más comunes del aire: dióxido de azufre, partículas que contribuyen al smog y dióxido de nitrógeno.

Y hallaron que la restauración de la vegetación redujo la contaminación del aire en un promedio de 27%, si bien esta cifra varía según el condado y la región.

La especie podría marcar la diferencia

La investigación no calculó los efectos directos que las plantas podrían tener en la contaminación por ozono, porque, según Bakshi, faltan datos sobre las emisiones de ozono. El análisis tampoco consideró si ciertas especies específicas de árboles o plantas mejorarían la «limpieza» de la contaminación del aire, aunque Bakshi afirma que es probable que la especie de planta marque una diferencia en la calidad del aire.

Los resultados demostraron que la adición de árboles u otras plantas podría reducir los niveles de contaminación del aire tanto en las zonas urbanas como en las rurales, aunque las tasas de éxito variaban dependiendo, entre otros factores, de la cantidad de tierra disponible para cultivar nueva vegetación y de la calidad del aire actual.

Bakshi afirma que sus hallazgos indican que la naturaleza debe ser parte del proceso de planificación para hacer frente a la contaminación del aire, y muestran que los ingenieros y constructores deben encontrar maneras de incorporar tanto sistemas tecnológicos como ecológicos.

«Lo que nos interesa es básicamente asegurarnos de que la ingeniería contribuya positivamente al desarrollo sostenible», explica. «Y una gran razón por la que la ingeniería no ha hecho eso es porque la ingeniería ha mantenido a la naturaleza fuera de los límites de su sistema», concluye.

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