Una revisión de 45 estudios liderada por investigadores de la Queen’s University Belfast identifica asociaciones estadísticamente significativas entre la exposición a partículas y otros contaminantes del aire y el riesgo de muerte por suicidio, intentos de suicidio y pensamientos suicidas.
La exposición a la contaminación atmosférica podría estar relacionada con un mayor riesgo de muerte por suicidio y de conductas suicidas, según una investigación publicada en la revista científica Journal of Epidemiology & Community Health. El estudio, liderado por un equipo del Centro de Salud Pública de la Queen’s University Belfast, analiza la evidencia disponible sobre la posible influencia de distintos factores ambientales en la salud mental.
Los investigadores subrayan la necesidad de considerar las exposiciones ambientales como factores de riesgo modificables en las estrategias de prevención del suicidio. No obstante, los resultados identifican asociaciones estadísticas y no permiten establecer, por sí solos, una relación causal directa entre la contaminación y las conductas suicidas.
El trabajo parte de la dimensión global del problema: más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año, según los datos citados por los autores. En este contexto, la Organización Mundial de la Salud ha establecido, en su Plan de Acción sobre Salud Mental, el objetivo de reducir en al menos un tercio las muertes por suicidio entre 2013 y 2030.
Los investigadores señalan que la interacción entre factores individuales, biológicos y contextuales convierte la prevención del suicidio en una cuestión de salud pública. Aunque los efectos de las exposiciones ambientales sobre trastornos como la depresión y la ansiedad se han estudiado ampliamente, su posible relación con el riesgo de suicidio sigue estando menos definida.
La contaminación del aire, principal foco de la investigación
Para ampliar la evidencia disponible, el equipo revisó estudios publicados entre enero de 2010 y abril de 2024 que analizaban la posible influencia de la contaminación atmosférica, acústica, lumínica e hídrica, así como de determinados factores sociodemográficos, en las muertes por suicidio y las conductas suicidas.
De los 287 estudios seleccionados inicialmente para una revisión a texto completo, 45 cumplieron los criterios de inclusión. De ellos, 33 investigaban las muertes por suicidio, siete los pensamientos suicidas y cinco los intentos de suicidio.
La contaminación atmosférica fue el ámbito más estudiado, con 38 investigaciones. Otros tres trabajos analizaron la contaminación del agua, tres la contaminación acústica y uno la contaminación lumínica.
Los resultados de 29 estudios se incorporaron a un análisis estadístico conjunto, mientras que los 16 restantes se examinaron mediante una revisión narrativa, destinada a sintetizar la evidencia disponible.
El análisis conjunto encontró asociaciones estadísticamente significativas entre la exposición a determinados contaminantes atmosféricos y el riesgo de muerte por suicidio, intento de suicidio y pensamientos suicidas.
En concreto, se identificaron asociaciones con la exposición a corto plazo a partículas en suspensión PM2,5 y PM10, así como con la exposición a largo plazo a PM2,5 y dióxido de nitrógeno (NO₂).
La revisión narrativa también apuntó a posibles asociaciones positivas con otros contaminantes, como el dióxido de azufre (SO₂) y el ozono (O₃), además de con la contaminación acústica.
Evidencia limitada sobre el ruido, la luz y el agua
Los investigadores advierten de que la evidencia disponible sobre otros tipos de contaminación es más limitada. La escasez de estudios y las diferencias entre las medidas de los resultados analizados impidieron realizar un análisis estadístico conjunto sobre los efectos de la contaminación hídrica y lumínica. Además, los resultados de la revisión narrativa para estas exposiciones fueron inconsistentes.
El estudio tampoco encontró asociaciones claras entre los factores sociodemográficos analizados y el riesgo de muerte por suicidio o de conductas suicidas.
Posibles mecanismos biológicos y ambientales
Los autores señalan que distintos contaminantes atmosféricos —entre ellos PM2,5, PM10, NO₂, SO₂ y O₃—, así como sustancias presentes en aguas contaminadas, como arsénico, plomo, litio o nitratos, se han relacionado con efectos neurológicos.
Entre los mecanismos descritos se encuentran la inflamación crónica y el daño nervioso, que podrían afectar al funcionamiento cerebral y tener consecuencias sobre el estado de ánimo y la capacidad de afrontar el estrés.
Asimismo, los investigadores apuntan a que el ruido ambiental, especialmente el procedente del tráfico, y la contaminación lumínica podrían incrementar los niveles de estrés al alterar el reloj biológico.
Estas posibles vías ofrecen hipótesis para profundizar en la relación entre las exposiciones ambientales y la salud mental, aunque el estudio no determina los mecanismos concretos que explicarían las asociaciones observadas.
Nuevas investigaciones
La investigación constituye un primer paso para comprender cómo los entornos en los que viven las personas pueden influir en el riesgo de suicidio, según sus autores.
La profesora Ruth Hunter, autora sénior del estudio y especialista en salud pública y salud planetaria del Centro de Salud Pública de la Queen’s University Belfast, señala que el conocimiento sobre esta cuestión continúa siendo limitado.
«La exposición ambiental en relación con el riesgo de suicidio está poco estudiada. Ampliaremos este trabajo investigando las exposiciones ambientales y el riesgo de suicidio en Irlanda del Norte», explica Hunter.
Por su parte, Sophie Jones, autora principal e investigadora del mismo centro, destaca que el estudio reúne la evidencia disponible sobre las exposiciones ambientales y los pensamientos y comportamientos suicidas.
«Este estudio reúne la evidencia sobre las exposiciones ambientales y los pensamientos y comportamientos suicidas, y pone de relieve que los entornos en los que viven las personas pueden desempeñar un papel importante en el riesgo de suicidio», afirma Jones.
La investigadora añade que el trabajo constituye «un primer paso para comprender estas relaciones» y subraya la necesidad de desarrollar nuevas investigaciones que permitan identificar los mecanismos subyacentes y las posibles oportunidades de prevención.








