Un modelo aplicado a Suiza apunta a menores fugas al medio ambiente y destaca el papel clave de los textiles y los envases como principales fuentes.

Un nuevo estudio científico cuestiona las estimaciones globales sobre la contaminación por plásticos al concluir que, en países con sistemas eficaces de gestión de residuos, las emisiones al medio ambiente podrían ser significativamente inferiores a lo calculado hasta ahora. La investigación propone un modelo más completo que analiza las fugas de plástico a lo largo de todo su ciclo de vida, desde la producción hasta el fin de vida.
El trabajo, basado en un análisis de flujo de materiales probabilístico (PMFA), evalúa las emisiones de siete polímeros principales —entre ellos PET, polipropileno (PP), polietileno (LDPE y HDPE), PVC y poliestireno (PS y EPS)— integrando 245 vías de emisión diferentes. A diferencia de modelos anteriores, el enfoque incorpora datos recientes sobre producción, reciclaje y regulación, como las restricciones a los plásticos de un solo uso, además de considerar aportaciones del sector industrial.
El modelo se ha aplicado a Suiza como caso de estudio representativo de un sistema europeo avanzado, caracterizado por una elevada concienciación ambiental y una infraestructura de gestión de residuos consolidada. Según los resultados, en 2022 se liberaron al entorno unos 222 gramos de plástico por persona (±50 g), una cifra notablemente inferior a estimaciones previas para países industrializados.
La investigación distingue entre emisiones directas —como la liberación de fibras textiles o la pérdida de pellets en la producción— e indirectas, como el abandono de residuos o las escorrentías. Asimismo, analiza el destino de estas emisiones, principalmente hacia suelos y, en menor medida, aguas superficiales.
Entre los principales hallazgos, el estudio señala que los macroplásticos representan el 82% de las emisiones, procedentes en gran parte de residuos postconsumo, especialmente envases (botellas, films y bolsas), materiales de construcción y productos del sector automoción. Por su parte, los microplásticos suponen el 18% y están vinculados principalmente a los textiles —incluidos agrotextiles y geotextiles— así como a procesos industriales.
El análisis revela además que más del 95% de las emisiones de plásticos se depositan en suelos, mientras que menos del 5% alcanza masas de agua. En cuanto a materiales, el PET y el PP destacan como los principales contribuyentes, impulsados por su uso en envases y fibras sintéticas.
Los autores apuntan que estudios anteriores podrían haber sobreestimado las emisiones debido a supuestos simplificados o datos menos precisos. No obstante, advierten de que el modelo no incluye algunas fuentes relevantes, como el desgaste de neumáticos, ni contempla ciertas vías de emisión inexistentes en Suiza pero presentes en otros países, como la aplicación de lodos de depuradora en suelos o los residuos de actividades pesqueras.
El estudio, publicado en Environmental Pollution, subraya que la contaminación por plásticos no es homogénea a nivel global y depende en gran medida de la eficacia de los sistemas de gestión de residuos. En este sentido, destaca que la elevada tasa de incineración, la prohibición del uso agrícola de lodos y la infraestructura existente en Suiza contribuyen a reducir significativamente las fugas al entorno.
De cara al futuro, los investigadores señalan que, en países con sistemas avanzados, la reducción adicional de emisiones de plásticos requerirá actuar sobre fuentes específicas como los microplásticos textiles, el abandono de envases, la pérdida de pellets en la industria y el uso de plásticos en la agricultura. Asimismo, consideran que este modelo puede integrarse con otros de transporte y destino de contaminantes para mejorar las evaluaciones de riesgo y la predicción de concentraciones de plásticos a gran escala.ç
Fuente:
Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea







