María Izquierdo.
Directora general.
INPROECO (Grupo INPWASTE).
La RAP de envases es una oportunidad para profesionalizar toda la cadena. Aprovecharla pasa por reconocer que el gestor está en el centro del flujo de información y por darle los medios para que hable un solo idioma: el del dato fiable.

Desde que la Responsabilidad Ampliada del Productor se extendió a los envases comerciales e industriales, el 1 de enero de 2025, hay una figura que ha visto cómo su día a día cambiaba más que ninguna otra: el gestor de residuos. Durante años su trabajo se medía en toneladas, rutas y plantas. Hoy se mide, cada vez más, en documentos.
El sistema necesita trazabilidad, y la trazabilidad nace en el gestor. Es quien recibe y trata el residuo y quien genera o completa buena parte de la información que permitirá acreditar qué ha ocurrido con él. Por eso todos acuden al gestor cuando necesitan justificar sus propias obligaciones.
Todos piden lo mismo, pero cada uno a su manera
El problema no es que haya que documentar. El sector lleva tiempo pidiendo más control y más transparencia, y es una buena noticia. El problema es que cada actor pide la misma información en su propio idioma.
Los sistemas colectivos necesitan recibir la información necesaria para gestionar y acreditar sus obligaciones; los productores, sus certificados para auditorías e informes de sostenibilidad; los poseedores, la documentación que acredita la trazabilidad de sus envases; y la Administración, la información correspondiente a sus registros. El problema aparece cuando esos mismos datos tienen que adaptarse a canales, formatos y requisitos diferentes.
El resultado es un gestor que, además de gestionar residuos, tiene que hablar 27 idiomas: trabajar con distintas plataformas y requisitos de los sistemas colectivos, adaptar sus informes a cada cliente, perseguir los justificantes de cada contrata y distinguir en todo momento lo que gestiona por cuenta propia de lo que gestiona en nombre de sus clientes. Cualquier error se traduce en devoluciones, retrasos y, en el peor de los casos, en dudas sobre la calidad de un dato que otros necesitan para cumplir.
La tentación de «otra herramienta más»
Ante esta presión, la respuesta habitual ha sido sumar herramientas y canales: plataformas, hojas de cálculo, correos, portales de clientes y sistemas de gestión. Cada uno resuelve una necesidad concreta, pero la suma puede acabar trasladando al gestor un nuevo problema. Y cuando alguien propone una solución nueva, la reacción lógica es la desconfianza: ya tiene su software de gestión, su forma de trabajar y bastante con lo que tiene.
Creo que esa desconfianza está justificada. El gestor no necesita otra herramienta con la que trabajar. Necesita que la información que ya genera se capture una sola vez, en origen, y llegue a cada destinatario en el formato que ese destinatario necesita. Necesita, en definitiva, un traductor, no un idioma más.
Del residuo al dato
Ese es el cambio de mentalidad que, a mi juicio, define esta nueva etapa. El valor del gestor ya no está solo en lo que mueve, sino en la fiabilidad de la información que acompaña a lo que mueve. El gestor que sea capaz de entregar a cada actor una documentación limpia, verificada y a tiempo, sin rehacer el trabajo para cada uno, se convertirá en el socio de referencia de sus clientes. Podrá ofrecerles algo que hoy valoran mucho: quitarles el problema documental de encima.
Y lo hará sin renunciar a su sistema. La tecnología tiene que trabajar para el sistema del gestor, no en su lugar. Recoger, verificar, estructurar y entregar: esa es la tarea que hay que automatizar, para que el gestor siga trabajando como siempre, pero con un dato en el que todos puedan confiar.
Lo vemos cada día acompañando a gestores y productores: la tecnología funciona cuando se integra en la operativa existente, no cuando obliga a sustituirla. No se trata de cambiar los sistemas de cada actor, sino de conseguir que reciban información fiable.
Una tarea también del sector
Pero no todo depende de la tecnología. Creo que como sector tenemos una conversación pendiente sobre la homogeneización de formatos y requisitos. Cuantos más criterios comunes compartan sistemas colectivos, administraciones y operadores, menos idiomas tendrá que aprender el gestor y más tiempo podrá dedicar a lo que de verdad aporta valor: gestionar bien los residuos.
La RAP de envases es una oportunidad para profesionalizar toda la cadena. Aprovecharla pasa por reconocer que el gestor está en el centro del flujo de información y por darle los medios para que hable un solo idioma: el del dato fiable.
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María Izquierdo es directora general de INPROECO, empresa de Grupo INPWASTE, que integra INPROECO, Partner Waste e INPRONET Solutions, especializadas en la gestión de residuos y su digitalización.







