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Un estudio del ICTA-UAB analiza la distribución y concentración de microplásticos procedentes de uno de los principales ríos del Mediterráneo occidental.

Microplásticos

Los ríos constituyen la principal fuente de contaminación de los mares por microplásticos. Una parte relevante de estos contaminantes se acumulan en las zonas de las playas y en los sedimentos de las desembocaduras. Así se desprende de una investigación desarrollada por el Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) que analiza la concentración de microplásticos en el Delta del Ebro con el objetivo de cuantificar y entender la distribución de estos contaminantes en los sistemas acuáticos. Los investigadores reclaman la necesidad de seguir investigando por los riesgos que la acumulación de estos contaminantes en zonas de pesca y acuicultura pueda tener para la salud humana.

La contaminación por microplásticos está considerada uno de los principales problemas ambientales que amenazan nuestros ecosistemas, principalmente, los acuáticos. Los microplásticos son partículas o filamentos de tamaño inferior a 5 mm. Pueden ser de carácter “primario” como los que se utilizan como materia prima para crear productos (pellets), pequeñas partículas empleadas en cosmética y limpieza abrasiva o fibras para usos textiles, o de carácter “secundario”, generados de la degradación de plásticos mayores.

Los resultados de la investigación evidencian que los deltas y estuarios son importantes áreas de acumulación de microplásticos

Hasta el momento, los estudios sobre microplásticos han abordado su presencia en los océanos y mares, y apenas se ha prestado atención a los ríos como una de las fuentes principales de estos contaminantes, comenta Patrizia Ziveri, coordinadora del grupo de investigación. El estudio, elaborado por científicos del ICTA-UAB y publicado recientemente en la revista Science of the Total Environment, investiga por primera vez la concentración de microplásticos en el delta del Ebro en diferentes ámbitos: las playas del norte del Delta, las aguas más superficiales y los sedimentos del lecho del delta.

Los resultados del estudio ponen de manifiesto que los ríos son una de las mayores entradas de plásticos a los océanos. En particular, estiman que las aguas superficiales del Ebro vierten anualmente cerca de 2.200 millones de microplásticos al Mar Mediterráneo. “Las concentraciones en el Delta del Ebro son medias-bajas cuando se comparan con otros estuarios, pero se debe tener en cuenta que el caudal del Ebro está fuertemente regulado por las presas de Ribarroja y Mequinenza que podrían estar actuando como un primer filtro para estos contaminantes reduciendo así la cantidad de microplásticos que llegan al delta”, explica la investigadora del ICTA-UAB, Laura Simon. Consideran que la abundancia de microplásticos es todavía mayor en ríos con zonas urbanas próximas y con una presión humana más elevada que el delta del Ebro.

Fibras sintéticas del lavado de ropa

En el estudio, los valores obtenidos en los sedimentos del lecho son entre 3 y 6 veces mayores que los hallados en las playas del Delta, que habrían sido distribuidos por las corrientes. “Esta concentración se explica por la influencia de la cuña salina -espacio de separación entre el agua dulce y salada- donde la velocidad es más baja y hay un mayor tiempo de retención”, añade el investigador Michaël Grelaud.

En conjunto, el 70% de los microplásticos hallados en el Delta del Ebro se corresponden con fibras sintéticas, seguido de fragmentos de plásticos y films. La cantidad de fibras vertidas al Mediterráneo cada año equivaldría a 600 kilómetros de longitud. “La mayoría llegan al cauce del río a través de las canalizaciones municipales y las plantas de tratamiento procedentes del lavado doméstico e industrial de prendas de ropa, cada una de las cuales pierde unas 2.000 fibras en cada lavado. Las plantas de tratamiento no son capaces de eliminar en su totalidad estas fibras textiles”, indica Simón.

Los investigadores destacan la gran potencialidad de los deltas y estuarios para acumular microplásticos, que son a su vez grandes acumuladores de tóxicos. La transición entre agua dulce y marina hace que estos ecosistemas abiertos sean de gran relevancia para calcular los flujos de microplásticos que alcanzan los sistemas marinos utilizando los ríos como corredores, comenta el investigador Jordi Garcia-Orellana. Los autores reconocen la necesidad de seguir investigando los tiempos de residencia de los microplásticos en las diferentes zonas y evaluar el riesgo que supone su existencia para los organismos acuáticos y, por extensión, para la salud humana.

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