Entre estas sustancias se incluyen aditivos como ftalatos y bisfenoles, conocidos por sus efectos como disruptores endocrinos, así como otros compuestos que pueden liberarse durante la fabricación, el uso, la reutilización y el tratamiento de los residuos plásticos.

Miles de sustancias químicas en los plásticos
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Un nuevo estudio ha desarrollado una base de datos global que identifica y clasifica miles de sustancias químicas presentes en los plásticos, con el objetivo de apoyar la transición hacia una economía circular del plástico segura y sostenible. El trabajo analiza la diversidad y peligrosidad de los compuestos químicos asociados a los materiales plásticos y pone de relieve importantes lagunas de información y regulación a escala internacional.

El estudio, publicado en la revista Nature, se enmarca en el contexto de las políticas europeas sobre plásticos, que reconocen los riesgos ambientales y para la salud asociados a la contaminación por macro y microplásticos. La Unión Europea aborda esta problemática a través de la Estrategia Europea del Plástico, el Plan de Acción para la Economía Circular y normativas específicas sobre envases, plásticos de un solo uso, materiales biobasados, biodegradables y compostables. A nivel internacional, en 2022 la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente inició las negociaciones de un instrumento jurídicamente vinculante para abordar el ciclo de vida completo de los plásticos y poner fin a su mala gestión y a la contaminación asociada.

Además del impacto físico de los residuos plásticos, el estudio subraya que estos materiales contienen una mezcla compleja de sustancias químicas potencialmente nocivas para la salud humana y los ecosistemas. Entre ellas se incluyen aditivos como ftalatos y bisfenoles, conocidos por sus efectos como disruptores endocrinos, así como otros compuestos que pueden liberarse durante la fabricación, el uso, la reutilización y el tratamiento de los residuos plásticos. El deterioro de los plásticos más antiguos incrementa, además, el riesgo de liberación de estas sustancias.

Más información y transparencia

Aunque existe información sobre determinadas categorías de productos, como juguetes o envases alimentarios, los autores señalan la necesidad de una evaluación más completa de los ingredientes de los plásticos y de sus peligros, que permita apoyar el diseño de materiales más seguros y facilitar una regulación más eficaz.

El estudio presenta un inventario global denominado PlastChem, que recopila 16.235 sustancias químicas presentes en los plásticos, tanto añadidas de forma intencionada como no intencionada. De ellas, 12.658 son compuestos con estructura química conocida, mientras que 3.667 carecen de información detallada sobre su composición o propiedades. El inventario incluye aditivos, auxiliares de procesado, sustancias de partida y sustancias añadidas no intencionadamente, como impurezas o subproductos de reacción, reflejando la elevada complejidad química de los plásticos a lo largo de su ciclo de vida.

Los investigadores identifican 4.219 sustancias de preocupación, caracterizadas por ser persistentes, bioacumulables, móviles o tóxicas. Estas sustancias están presentes en todos los grandes tipos de polímeros, incluidos los plásticos de origen fósil y biobasado, y representan aproximadamente una cuarta parte de los productos químicos reconocidos en plásticos. La mayoría están clasificadas como tóxicas para el medio acuático, la salud humana o sistemas biológicos específicos, y más del 10% de los propios polímeros figura también como peligroso.

El análisis agrupa más de 10.000 sustancias por similitud estructural, identificando 28 grandes grupos. Más del 75% de las sustancias de preocupación se concentran en tres familias químicas: aminas aromáticas, aldehídos aralquílicos y alquilfenoles.

Sustancias no reguladas

El estudio concluye que cerca del 30% de los compuestos comercializados para la producción de plásticos, detectados en productos plásticos o liberados por estos, contienen sustancias de preocupación, muchas de las cuales no están reguladas a nivel global, a pesar de su comercio internacional en forma de productos, materiales o residuos. Esta situación pone de manifiesto importantes carencias en la gobernanza química.

Como vía para avanzar hacia plásticos más seguros, los autores apuntan a la sustitución de sustancias peligrosas, el diseño de alternativas más seguras, una mayor transparencia por parte de los fabricantes y la simplificación de la diversidad y complejidad química de los plásticos. En este sentido, destacan la relevancia del paquete europeo “una sustancia, una evaluación” (OSOA), adoptado por el Consejo de la UE en noviembre de 2025, que prevé la creación de una plataforma común de datos químicos para mejorar la protección de la salud y el medio ambiente.

El estudio reconoce limitaciones derivadas de la falta de datos completos sobre muchas sustancias y subraya que la ausencia de información no debe interpretarse como ausencia de riesgo. Las recomendaciones se centran en mejorar la seguridad de los plásticos desde su diseño y producción, sin abordar de forma específica el tratamiento y procesamiento de los residuos plásticos.

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