Un estudio realizado en Norteamérica señala que entre el 30% y el 50% de los teléfonos que dejan de utilizarse por primera vez no entran de forma fiable en circuitos de reutilización, reparación, reacondicionamiento o reciclaje.

El valor oculto de los teléfonos móviles
Foto de Jan Antonin Kolar en Unsplash

Los teléfonos móviles en desuso podrían convertirse en una fuente relevante de minerales críticos. Un nuevo estudio de la Fundación Ellen MacArthur estima que una economía circular aplicada a estos dispositivos permitiría recuperar, solo en Norteamérica, al menos 2.200 millones de dólares en minerales críticos de aquí a 2040, al tiempo que reduciría los residuos electrónicos y la dependencia de nuevas materias primas extraídas.

El informe, elaborado con el apoyo de la Comisión para la Cooperación Ambiental (CEC), analiza el recorrido de los teléfonos móviles en Estados Unidos, Canadá y México -aunque sus conclusiones bien podría aplicarse a otras regiones-, desde su diseño y primer uso hasta las distintas vías de reutilización, recogida y tratamiento al final de su vida útil.

El estudio pone el foco en una cuestión que va más allá del reciclaje: cómo mantener durante más tiempo el valor económico y material de los dispositivos. Para ello, plantea actuar a lo largo de todo su ciclo de vida mediante un diseño que facilite la reparación y la separación de componentes, una mayor duración de los equipos, sistemas de recogida más eficaces, reutilización, reacondicionamiento, reventa y, finalmente, recuperación de materiales.

Millones de teléfonos permanecen fuera del circuito

Entre el 50% y el 70% de los teléfonos que salen de su primer uso en Norteamérica acceden ya a una segunda vida, principalmente mediante la entrega a otros usuarios, la reparación, el reacondicionamiento o la reventa. Estas prácticas se apoyan en un mercado creciente de programas de recompra, trade-in y reacondicionamiento.

Sin embargo, el porcentaje restante sigue representando un volumen considerable. Según el estudio, entre el 30% y el 50% de los dispositivos no se recuperan de forma fiable para estos circuitos.

Las proyecciones apuntan a que, en las condiciones actuales, alrededor de 2.000 millones de teléfonos llegarán al final de su vida útil en Estados Unidos hasta 2040, a los que se sumarían unos 410 millones en México y 180 millones en Canadá.

El análisis, desarrollado con modelos de flujos de materiales de RTI International y consultas a más de 90 organizaciones de los tres países, identifica pérdidas de valor en diferentes etapas de la vida de los dispositivos. Entre ellas figuran las limitaciones derivadas del diseño y del software, las dificultades para recuperar los teléfonos una vez que dejan de utilizarse y la capacidad disponible para procesar y refinar los materiales recuperados.

Una reserva de materias primas

Los teléfonos móviles contienen cobalto, litio, tierras raras y otros metales de alto valor, materiales considerados estratégicos para sectores como los vehículos eléctricos, las infraestructuras de red y la electrónica avanzada.

Por ello, mantener estos materiales dentro de los circuitos productivos puede contribuir a reducir la necesidad de recurrir a nuevas extracciones. Cuando los dispositivos que podrían reutilizarse, repararse, reacondicionarse o reciclarse se desechan o salen de la región, señala el informe, también se pierde parte de ese valor y aumenta la presión sobre las materias primas vírgenes.

Wen-Yu Weng, responsable ejecutiva de Minerales Críticos de la Fundación Ellen MacArthur, destaca precisamente esta perspectiva: “Algunas de nuestras reservas más valiosas ya están sobre el terreno”, en referencia a los materiales contenidos en productos que ya han sido fabricados y utilizados.

Según Weng, mantener esos recursos en circulación durante más tiempo requiere una mayor colaboración entre empresas y administraciones. “La electrónica proporciona una prueba de concepto de lo que ya podemos hacer hoy y, por tanto, un modelo prometedor para la circularidad en el conjunto de la economía de los minerales críticos”, señala.

Cinco medidas para cerrar el ciclo

El informe plantea cinco líneas de actuación para mejorar la circularidad de los teléfonos móviles:

  • Diseñar los dispositivos para un uso más prolongado y repetido, facilitando además su desmontaje y separación posterior.
  • Mejorar los sistemas de recogida, mediante canales de confianza que permitan recuperar los teléfonos cuando dejan de utilizarse.
  • Aumentar la trazabilidad de los flujos transfronterizos y de segunda mano.
  • Ampliar la capacidad de procesamiento dentro de la región, con el objetivo de conservar localmente una mayor parte del valor de los materiales recuperados.
  • Generar una demanda estable de materias primas recuperadas, que contribuya a justificar nuevas inversiones en infraestructuras y capacidad de tratamiento.

El estudio también apunta a la necesidad de una mayor coordinación normativa entre Canadá, Estados Unidos y México. La armonización de medidas relacionadas con la responsabilidad ampliada del productor, el derecho a reparar y los requisitos de diseño podría facilitar la circulación de los dispositivos y materiales recuperados y reducir los costes asociados al cumplimiento de distintas normativas.

De residuo electrónico a oportunidad industrial

La circularidad de los teléfonos móviles también presenta, según el informe, una oportunidad para las empresas de la cadena de valor. La recuperación y reutilización de materiales puede reducir la exposición a la volatilidad de los precios de las materias primas y, al mismo tiempo, favorecer modelos de negocio basados en la reparación, el reacondicionamiento, la recompra de dispositivos o los servicios asociados a su uso.

Cornelis P. Baldé, responsable de programas de UNITAR Sustainable Cycles (SCYCLE) y autor principal de The Global E-waste Monitor, subraya que el reto no consiste únicamente en aumentar las tasas de reciclaje, sino en comprender qué ocurre con los aparatos antes de llegar a las plantas de tratamiento.

“Este informe hace el trabajo de rastrear adónde van realmente los teléfonos una vez que salen de las manos de los usuarios: a la reutilización, al almacenamiento, a la exportación o, simplemente, fuera del sistema”, explica Baldé.

Para el sector de la gestión de residuos y la economía circular, el caso de los teléfonos móviles pone de manifiesto una cuestión más amplia: una parte importante de las materias primas necesarias para la transición energética y digital ya está integrada en productos que se encuentran en circulación o almacenados. Mejorar su recuperación y mantenerlos en uso durante más tiempo puede convertirse así en una vía complementaria a la extracción de nuevos recursos.

Deje una respuesta

Queremos saber si no eres un bot *