Una investigación de la Universidad de Surrey concluye que apenas el 2,5% de los aparatos recibidos en centros municipales de reciclaje se consideran aptos para su reutilización, frente al 50% de los dispositivos examinados en Repair Cafés que pudieron repararse.

residuos electrónicos
Foto: Unsplash

El sistema británico de gestión de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) podría estar enviando a reciclaje o tratamiento dispositivos que todavía tienen posibilidades de reparación o reutilización. Así lo señala una investigación de la Universidad de Surrey, publicada en la revista Business Strategy and the Environment, que plantea integrar los servicios comunitarios de reparación en el sistema formal de gestión de estos residuos.

El estudio analizó 10.678 registros de Repair Cafés del Reino Unido y realizó visitas a un centro municipal de reciclaje, Slyfield Recycling Centre, y a un Repair Café de Guildford. Según sus resultados, solo entre el 2% y el 2,5% de los aparatos observados en el centro de reciclaje fueron considerados aptos para su reutilización. En los Repair Cafés, en cambio, el 50% de los productos analizados fueron reparados con éxito y otro 28% se consideró potencialmente reparable.

Los investigadores señalan que una evaluación previa de los aparatos permitiría determinar si deben repararse, reutilizarse, desmontarse para recuperar piezas o enviarse a reciclaje. Esta clasificación podría contribuir a prolongar la vida útil de los productos y a recuperar materiales antes de que los aparatos sean tratados como residuos.

Vida útil de entre cuatro y ocho años

El trabajo apunta también a la relativamente corta vida útil de los productos analizados. La mayoría de los aparatos estudiados quedaron obsoletos entre cuatro y ocho años después de su puesta en uso, mientras que los teléfonos móviles presentaron una duración media de aproximadamente cuatro años y medio.

Además de las observaciones realizadas sobre el terreno, los investigadores utilizaron datos gubernamentales sobre emisiones y modelos matemáticos para analizar distintas alternativas de transporte y tratamiento de los residuos electrónicos. Los modelos tuvieron en cuenta variables como los costes, los tiempos de espera, la capacidad de los equipos de trabajo y la recuperación de materiales, entre ellos el cobre presente en teléfonos móviles fuera de uso.

Sheeba Pathak, investigadora doctoral de la Universidad de Surrey y autora principal del estudio, señala que los aparatos no deberían considerarse automáticamente residuos antes de comprobar sus posibilidades de reparación o reutilización. «Demasiados productos eléctricos se tratan como residuos antes de que nadie haya considerado adecuadamente si pueden repararse, reutilizarse o desmontarse para recuperar piezas de valor», afirma Pathak.

La investigadora añade que el reciclaje «tiene un papel importante», pero considera que no debería ser necesariamente el primer destino de un aparato que todavía puede tener vida útil.

Los puntos de reciclaje como centros de coordinación

A partir de los resultados, el equipo investigador propone un modelo integrado en el que los centros de reciclaje actúen como puntos de coordinación capaces de derivar los aparatos hacia servicios de reparación, espacios de fabricación comunitarios (maker spaces) o gestores especializados.

El sistema planteado utiliza criterios relacionados con costes, emisiones de carbono y tiempo de procesamiento para determinar la vía de gestión más adecuada para cada producto. El objetivo sería incorporar una fase de evaluación antes de decidir el destino definitivo del aparato.

El estudio también plantea reforzar los sistemas de recogida financiados por los productores y ampliar las responsabilidades de fabricantes y plataformas de comercio electrónico en la gestión de los productos al final de su vida útil.

En paralelo, los investigadores proponen reconocer formalmente a las organizaciones comunitarias de reparación y proporcionarles financiación y apoyo para el desarrollo de capacidades, en lugar de mantenerlas como iniciativas independientes basadas fundamentalmente en el voluntariado.

«Los Repair Cafés ya muestran lo que se puede conseguir, pero depender únicamente de la buena voluntad no resolverá el problema de los residuos electrónicos del Reino Unido», sostiene Pathak. A su juicio, conectar estos servicios con las administraciones locales, los fabricantes y los operadores de reciclaje permitiría mantener los productos en uso durante más tiempo y recuperar recursos a escala local.

Los autores sitúan así la reparación y la reutilización antes del reciclaje dentro de una estrategia de gestión de los RAEE orientada a aprovechar durante más tiempo los productos y los materiales que contienen.

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