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El desarrollo de una investigadora de la UNAM se ha demostrado muy eficiente en el tratamiento de aguas residuales contaminadas con metales pesados y colorantes textiles.

La investigadora Patricia Miranda Castro ha desarrollado un sistema de descontaminación de aguas residuales usando microesferas de quitosán
Patricia Miranda Castro, académica de la FES Cuautitlán de la UNAM. FOTO: UNAM

Patricia Miranda Castro, académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán de la UNAM (México), en colaboración con un estudiante de la licenciatura en Tecnología, ha propuesto un proceso de adsorción (de mercurio) y degradación fotocatalítica (de rojo de metilo) mediante el empleo de microesferas de quitosán impresas molecularmente, como una opción para el tratamiento de aguas residuales corrompidas con metales pesados y colorantes textiles.

El mercurio es un metal pesado mutágeno, teratógeno y carcinogénico; su acumulación en el ambiente afecta los cuerpos de agua, lo que podría intoxicar a peces y hortalizas consumidas por el ser humano.Los colorantes textiles también tienen implicaciones en la salud humana y en el medio ambiente.

Las pequeñas esferas fueron impresas molecularmente, es decir, antes de la formación de estas estructuras “les pegamos el mercurio para que éste atrajera, de manera selectiva, el metal que se encontraba en las aguas residuales formuladas en laboratorio. Para la degradación del rojo de metilo, las esferas se prepararon con dióxido de titanio, donde se lleva a cabo una reacción fotocalítica a fin de efectuar la degradación”, detalló la responsable del Laboratorio de Biotecnología de la UNAM.

El quitosán es un biopolímero derivado de la quitina, que se obtiene del caparazón de artrópodos; se comporta como un policatión (más de una carga positiva), propiedad que hace que capture otras moléculas con carga contraria, en este caso el mercurio.

El polímero fue disuelto y la solución, que se tornó viscosa, fue goteada para formar las pequeñas canicas. “Es un proceso fácil, pero en este caso, haberle adicionado el mercurio al quitosán antes de formar la esfera hace que molecularmente quede impresa dentro de éstas”.

La quitina, de la que se obtiene el quitosán, se encuentra en gran cantidad en la naturaleza, todo el reino de los artrópodos la posee

Las pruebas se realizaron, incluso, con aguas que contenían una concentración de contaminantes mil veces superior a la permitida por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales de México. “Los resultados nos mostraron la adsorción del 99,95 por ciento, en el caso del mercurio, y de 86,5 por ciento de degradación fotocatalítica de rojo de metilo”.

Estas pequeñas pelotas pueden usarse de nuevo. Una vez que han capturado el contaminante se colocan en una solución que las lava y las deja listas para su reutilización; además, son biodegradables y biocompatibles, abundó la investigadora, con más de dos décadas dedicadas al estudio del quitosán.

Las esferas fueron probadas bajo normas que aseguraban que el agua tratada de esa manera estaba libre de contaminantes; no llega a tener el nivel de potable, pero sí se lograron niveles muy altos de descontaminación, aclaró Miranda Castro.

Otras aplicaciones

La quitina se encuentra en gran cantidad en la naturaleza; todo el reino de artrópodos (arácnidos, insectos y crustáceos) la posee. Ese polímero se transforma en quitosán en el laboratorio para obtener mayores propiedades de aplicación.

A lo largo de 23 años de investigación,Miranda Castro lo ha aplicado en diferentes ámbitos; por ejemplo, en el área médica para obtener una piel artificial útil en la regeneración de quemaduras y úlceras, que ya se ha probado en humanos; también como andamio de reemplazo de hueso en animales. Y en el ámbito de los alimentos, para la elaboración de recubrimientos de frutos y vegetales para evitar la putrefacción y alargar su vida útil.

Asimismo, en el terreno de los fármacos desarrolló un termogel para la liberación prolongada de medicamento o células, mientras que en el de los alimentos funcionales elaboró galletas de avena adicionadas con quitosán para disminuir los niveles de colesterol.

Ahora, como parte de un nuevo estudio en frijol, la experta ha convertido en quitosán al gorgojo que ataca a esta leguminosa para que la planta desarrolle mecanismos de defensa en contra de la misma plaga mediante la inducción de producción de quitinasas.

Por último, la experta planteó que se requieren más trabajos, sobre todo de escalamiento, para probar las microesferas con diversos metales, así como hacer labor de ingeniería para llevarlo a la aplicación. “La investigación tiene múltiples perspectivas porque se trata de un producto noble y barato que puede contribuir en diversas áreas”.

Fuente:
Dicyt

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