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Un nuevo estudio sobre la denominada ‘fuga de carbono’ pone de manifiesto la necesidad de una acción global para reducir las emisiones de carbono causantes del cambio climático.

Leyes estrictas ambientales llevan a las empresas a contaminar en otros lugares

Las empresas multinacionales con sede en países con políticas medioambientales más estrictas tienden a ubicar sus fábricas contaminantes en países con normativas más laxas, según revela un nuevo estudio de la Universidad Estatal de Ohio (OSU), en Estados Unidos, y publicado recientemente en la revista Economic Policy.

Así, aunque los países pueden esperar que sus normativas reduzcan las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, los resultados de la investigación demuestran que estas políticas pueden provocar lo que se conoce como «fuga de carbono» hacia otras naciones, afirma Itzhak Ben-David, coautor del estudio y profesor de finanzas en la Escuela de Negocios Fisher de la OSU.

«Las empresas deciden estratégicamente dónde ubicar su producción en función de las políticas medioambientales existentes, y el resultado es que contaminan más en los países con normativas más permisivas», afirma Ben-David. «Esto pone de manifiesto la importancia de la acción colectiva mundial para combatir el cambio climático, dada la escala global de las operaciones de las empresas», añade.

Los investigadores utilizaron un novedoso conjunto de datos que abarca 1.970 grandes empresas con sede en 48 países y sus emisiones de dióxido de carbono en 218 países entre 2008 y 2015. La base de datos fue proporcionada por CDP, una organización sin ánimo de lucro antes conocida como Carbon Disclosure Project.

«Lo que hace que este conjunto de datos sea único es que podemos observar las emisiones de dióxido de carbono de cada empresa multinacional en cada país en el que opera», explica Ben-David. «Esto proporciona pruebas directas del efecto de las políticas medioambientales y de las emisiones reales de dióxido de carbono de cada empresa a nivel de país».

Los investigadores también utilizaron clasificaciones del Foro Económico Mundial que calificaban la solidez de las políticas medioambientales de cada país en una escala de 1 (la peor) a 7 (la mejor).

Efecto parcial de las regulaciones ambientales

Los hallazgos del nuevo estudio no significan que una normativa medioambiental más estricta no tenga ningún efecto sobre las emisiones mundiales. Los resultados sugieren que las políticas estrictas siguen asociadas a un impacto parcial, pero positivo, en la reducción de la contaminación global general.

Por ejemplo, un aumento de la puntuación de la política medioambiental de China (2,1, que sugiere una normativa débil) a Alemania (5,5, una normativa más estricta) se asocia con un 44% menos de emisiones globales. Pero también se asocia a un aumento del 299% de las emisiones en el extranjero en comparación con los países de origen de las empresas.

«Si se hace más difícil contaminar en el país de origen de una empresa, las empresas trasladarán parte de esa actividad contaminante a otro lugar», asegura Ben-David.

El estudio examinó si las políticas más estrictas «empujaban» a las empresas a contaminar en otros lugares o si las regulaciones laxas «atraían» a las empresas a países donde era más fácil contaminar. «Descubrimos que los resultados se debían principalmente a las políticas medioambientales del país de origen, más que a las oportunidades de contaminar en otros lugares», afirma el investigador. «Era más un efecto de ‘empuje’ que de ‘atracción'».

No es de extrañar que las empresas de las industrias más contaminantes fueran las que más respondieran a las políticas estrictas de sus países de origen trasladando sus actividades contaminantes a otros lugares.

En general, la mayor parte del dióxido de carbono se emite en el país de origen de una empresa media, pero el porcentaje de emisiones en el país de origen se redujo sustancialmente con el tiempo, pasando del 72% en 2008 al 57% en 2015, según los investigadores.

Además, el número de países en los que la empresa media contamina aumentó de seis a nueve durante el periodo del estudio.

«Las regulaciones medioambientales de cada país funcionan para reducir en cierta medida las emisiones globales de dióxido de carbono, pero también tienen este efecto secundario negativo de empujar la contaminación a otros países», afirma Ben-David. «Los países tienen que colaborar si realmente quieren que las políticas medioambientales tengan el mayor impacto posible», concluye.

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