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La caída del precio del petróleo –y de los materiales obtenidos a partir de este– ha tenido un gran impacto sobre la industria del reciclaje de plástico y está desviando residuos hacia otras formas de tratamiento, como la incineración o los vertederos.

Vertederos e incineración pueden ganar peso frente al reciclaje en EEUU
Los vertederos continúan siendo la solución más económica y la más común para la gestión de residuos en EEUU. Foto: Redwin Law (cc)

Durante los últimos dos años el precio del petróleo ha caído notablemente, lo que ha repercutido a la baja en los precios del plástico virgen, obtenido a partir de dicho recurso fósil. Esto ha hecho que en muchas zonas de Estados Unidos (EEUU) cueste ahora más reciclar plástico para hacer nuevos productos que fabricarlos a partir de materias primas vírgenes.

Desde el punto de vista medioambiental, no hay duda de que el reciclaje es la mejor manera de gestionar los residuos. Por ejemplo, reciclar una tonelada de aluminio ahorra hasta 14.000 kWh de electricidad comparado con su fabricación a partir de materias primas. Los productos de papel generan menos beneficios, pero aún así, reciclar una tonelada de cartón ahorra unos 390 kWh. Estos materiales resultan rentables para los recicladores, incluso después de los costes de tratamiento.

Cuando el plástico era más caro, su reciclaje ayudaba a compensar el coste de reciclar otros materiales menos rentables. Pero la caída del precio del plástico ha tenido un impacto importante en la industria americana del reciclaje. La división de reciclaje de la compañía Waste Management tuvo unas pérdidas de 16 millones de dólares en el primer trimestre del año, y la empresa ha tenido que cerrar casi el 30% de sus instalaciones de reciclaje. Además, su reputación se ha visto afectada por las inmensas cantidades de vidrio y plástico recuperado para su reciclaje que, sin embargo, se terminan enviando a los vertederos.

El otro problema es que en muchos sitios solo se recogen uno o dos tipos de plástico, en lugar de todos los productos que podrían procesarse. Y en las áreas que sí recogen todos los plásticos, a veces acaban enviándose a los vertederos, incluso después de ser separados por los consumidores, porque los retornos son demasiado bajos como para que su reciclaje resulte beneficioso económicamente.

Pero a medida que aumentan los costes de reciclaje, una combinación de avances tecnológicos y una creciente regulación ambiental están desviando los residuos hacia otras formas de tratamiento.

Incineración con recuperación de energía

La valorización energética de los residuos mediante su incineración para generar electricidad está ganando peso en el país como una opción prometedora. Además de reducir el envío de residuos a los vertederos, la valorización energética genera 500 kWh de electricidad por tonelada de residuos, aproximadamente la misma cantidad que la obtenida con un tercio de tonelada de carbón.

En EEUU existen 84 instalaciones de valorización energética, pocas para un país de esas dimensiones. Y en los últimos 15 años solo se ha abierto una nueva planta, ubicada en el Estado de Florida.

En EEUU existen 84 instalaciones de valorización energética de residuos, pocas para un país de esas dimensiones

Las razones del tímido desarrollo de esta tecnología está en los costes que conlleva su construcción y puesta en marcha, lo que habitualmente se compensa con la negociación de contratos de larga duración entre las empresas y las ciudades.

La contaminación es otro motivo importante, al que habitualmente aluden las organizaciones ecologistas, por la generación de dioxinas, mercurio, plomo y otras toxinas, que se emiten o terminan en las cenizas resultantes de la incineración.

Para Nickolas John Themelis, profesor de ingeniería de la Universidad de Columbia y director del Waste to Energy Research and Technology Council, el argumento de la contaminación es exagerado: “Estudios han demostrado que toda la industria WTE (Waste to Energy) de EEUU produce 3 gramos de dioxinas al año”, dice. “En comparación, cada año se reportan más de 3.000 incendios en los vertederos que producen 1.400 gramos de dioxinas”.

También recuerda que muchas comunidades comprometidas con la reducción de residuos y el reciclaje continúan usando plantas de valorización energética. Es el caso de la ciudad de Nueva York, que en 2014 envió 800.000 toneladas de basura a una incineradora de Nueva Jersey.

Vertederos

Los vertederos continúan siendo la solución más económica, y por tanto la más común, para la gestión de residuos en EEUU. Los costes varían a lo largo del país, pero la media se sitúa en algo más de 48 dólares por tonelada. Esto cubre los costes de toda la vida útil del vertedero.

Desde el punto de vista ambiental, por supuesto, los vertederos tienen una pésima reputación, y habitualmente se relacionan con problemas como la contaminación de las aguas subterráneas y del aire. Pero gran parte del problema tiene sus raíces en el comportamiento de los consumidores, es decir, de las personas. “Muchas de las cosas que vemos en los vertederos podrían ser reutilizadas o recicladas, pero los consumidores no las introducen en los flujos de reciclaje o reutilización de residuos”, explica Anne Germain, de la Asociación Nacional de Residuos y Reciclaje.

Los costes de vertido varían a lo largo del país, pero la media se sitúa en algo más de 48 dólares por tonelada

Y no hay que olvidar que los vertederos también pueden producir energía. El gas de vertedero –que contiene metano, CO2 y alrededor de 30 compuestos orgánicos peligrosos– puede usarse como alternativa a los combustibles fósiles para producir calor y electricidad. Según la Agencia de Protección Ambiental (EPA) 648 de los 2.400 vertederos de residuos sólidos de EEUU cuentan con uno o más proyectos asociados de recuperación de gas. Y se calcula que en otros 400 podría ser económicamente viable la generación de metano. En total, la EPA calcula que podría generarse energía para abastecer a 473.000 hogares.

Para Germain, los vertederos representan una solución realista en la gestión de residuos. “La idea de que podemos desviar todos nuestros residuos es un sueño”, asegura. “No va a ocurrir pronto. Mientras, los vertederos deberán existir para recibir las cosas que no podemos sacar de la corriente de residuos”, concluye.

Digestión

Para las comunidades que producen grandes cantidades de residuos orgánicos, la digestión anaerobia ofrece una solución ambiental. Mediante este sistema se obtiene metano que se puede utilizar para hacer funcionar un generador. Tras la fermentación, los restos son compostados para producir fertilizante que se puede vender a las granjas locales.

Según Tim Flanagan, que dirige una planta de digestión anaerobia en Monterey (California), los costes de un digestor son algo más elevados que los de un vertedero, pero también se necesita mucho menos espacio, se contamina menos y se produce más energía. Además, el proceso de digestión tiene lugar en un ambiente controlado, donde todo el gas que se produce puede ser capturado.

El siguiente paso de esta instalación es empezar a comprimir el metano que genera, y que podría abastecer a los camiones de la basura. “Tendremos camiones recogiendo residuos orgánicos, y digestores convirtiéndolos en combustible para los camiones, de forma que estos continúen recogiendo más residuos”, concluye Flanagan.

Fuente:
The Guardian

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