La organización mundial del reciclaje asegura que Europa genera excedentes de materiales secundarios de calidad que su mercado interno no puede absorber, mientras muchos países en desarrollo necesitan la materia prima.

La CE tiene previsto revisar la normativa sobre traslados de residuos
La chatarra sería una de las grandes afectadas por los cambios en la normativa europea sobre traslados de residuos. Foto: Pixabay

La Comisión Europea está estudiando la posibilidad de introducir cambios en la normativa de la UE sobre traslados de residuos que podrían resultar de «enorme importancia» y potencialmente muy perjudiciales para los flujos de exportación de muchos materiales de reciclaje, incluidos los metales ferrosos y no ferrosos, el papel y los plásticos recuperados, según advirtió el presidente del Consejo Internacional de Medio Ambiente (IEC) del BIR (Bureau of International Recycling), Olivier François, durante la última reunión en línea de la organización.

Una de las prioridades establecidas para la revisión de la normativa es restringir las exportaciones de los materiales denominados «residuos», entre los que se encuentran muchos de los producidos por la industria del reciclaje. Europa genera excedentes de «materias primas secundarias de calidad» que no pueden ser absorbidas por su mercado interno, por lo que «no creemos que los traslados de residuos deban restringirse aún más», argumentó Julia Blees, responsable de políticas de la Confederación Europea de Industrias del Reciclaje (Euric). Olivier François coincidió en que tal medida podría generar «tensiones», dado que «muchos países en desarrollo necesitan la materia prima».

Según ambos ponentes, la «frase clave» de las nuevas propuestas de la Comisión es que los usuarios de los países importadores deben operar en «condiciones ampliamente equivalentes» a las que se aplican a los consumidores de la UE, tanto en términos de salud humana como de protección del medio ambiente. En este sentido, Julia Blees instó a que se diferencie entre los traslados de residuos a países de la OCDE y a los que no lo son, ya que los primeros se adhieren a normas muy similares a las que se aplican en la UE.

La chatarra, una materia prima esencial

El pasado de mayo, Aurelio Braconi, director de Economía Circular y Materias Primas de la Asociación Europea del Acero, Eurofer, ofreció la perspectiva de los productores en la reunión del IEC. Describió los cambios que probablemente se deriven del Pacto Verde Europeo como un «tsunami» legislativo, y expresó su preocupación por la posibilidad de que crezca la brecha entre las prácticas y las normas en Europa en comparación con el resto del mundo. Es importante, dijo, que los países que importan chatarra apliquen «condiciones equivalentes» en términos, por ejemplo, de gestión ambientalmente racional.

Braconi describió la chatarra como «una materia prima esencial», e insistió en que «queremos utilizar más chatarra ferrosa, reciclar más chatarra ferrosa en nuevos aceros y nuevos productos, para aumentar la eficiencia de nuestros recursos». Muchos fabricantes están buscando formas de «ampliar su cartera de productos a partir de la chatarra». Pero para conseguirlo, añadió, no es sólo cuestión de oferta y demanda, sino también de calidad.

Al repasar otros aspectos de interés para el sector del reciclaje, el director de Comercio y Medio Ambiente del BIR, Ross Bartley, explicó que la organización mundial del reciclaje realizará una encuesta entre las empresas a finales de este año con el fin de evaluar el coste de la instalación y el funcionamiento de los sistemas de detección de metales radiactivos incluidos inadvertidamente en los envíos que llegan a los almacenes de chatarra. Hay que tener en cuenta, dijo, que la industria del reciclaje está «haciendo un buen trabajo para la sociedad» al asumir los costes de las fuentes radiactivas perdidas o extraviadas en su mayoría por otras industrias.

Del mismo modo, con los contaminantes orgánicos persistentes que entran en el ámbito de aplicación del Convenio de Estocolmo, algunos productos contienen «contaminación por sustancias químicas que no se pueden reciclar», señaló Bartley. «Eso también es una carga de costes para nuestra industria», sentenció.

 

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