Un análisis de Basel Action Network estima que entre 395 y 617 millones de toneladas de equipos electrónicos vinculados a la inteligencia artificial podrían quedar fuera de servicio entre 2025 y 2050, una cifra muy superior a las estimaciones académicas existentes.

El rápido desarrollo de la infraestructura necesaria para impulsar la inteligencia artificial (IA) podría desencadenar una nueva y significativa ola de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), según un nuevo análisis de Basel Action Network (BAN). La organización estima que entre 395 y 617 millones de toneladas de equipos electrónicos vinculados a la IA podrían retirarse entre 2025 y 2050, como consecuencia de la expansión de los centros de datos y de la progresiva obsolescencia de sus equipos.
Las conclusiones forman parte de la primera entrega de The Coming AI Waste Wave, una serie de cuatro documentos dedicada a analizar el impacto ambiental asociado al crecimiento de la inteligencia artificial. El primer informe, titulado How Big is the AI Waste Wave?, amplía el alcance de estudios anteriores al considerar no solo servidores y unidades de procesamiento gráfico (GPU), sino también el conjunto de infraestructuras electrónicas que hacen posible el funcionamiento de los centros de datos.
Según BAN, entre 8,6 y 13,1 millones de toneladas de equipos electrónicos podrían retirarse anualmente en 2030, un volumen que, de acuerdo con la organización, sería entre 40 y 60 veces superior a la proyección académica más citada hasta ahora. La diferencia, explica BAN, responde principalmente al alcance de los cálculos: mientras los estudios anteriores se han centrado en servidores y GPU, su modelo incorpora también sistemas de redes, distribución eléctrica, almacenamiento y respaldo de datos y refrigeración.
Una infraestructura que va más allá de los servidores
El análisis parte de las inversiones previstas por la industria para el desarrollo de la infraestructura de IA. BAN toma como referencia una estimación de McKinsey que sitúa en casi 7 billones de dólares el gasto de capital previsto entre 2025 y 2030 para construir la infraestructura necesaria para esta tecnología.
A partir de estas previsiones, el modelo de BAN incorpora prácticamente todos los equipos electrónicos asociados a los centros de datos. La organización señala que servidores, aceleradores y racks representan aproximadamente el 13% de la masa de la infraestructura electromecánica de un centro de datos, mientras que el 87% restante corresponde a otros sistemas, como redes, distribución eléctrica, almacenamiento, sistemas de respaldo y refrigeración.
El informe añade además un segundo componente denominado por BAN “AI Waste Contagion”, o efecto contagio, que hace referencia al posible reemplazo anticipado de equipos situados fuera de los centros de datos como consecuencia de la expansión de la IA. Entre ellos se incluyen ordenadores personales, teléfonos, dispositivos periféricos y redes de telecomunicaciones que podrían quedar obsoletos antes de completar su vida útil.
Cada modelo de IA “depende de una enorme cantidad de hardware altamente especializado y de última generación”, señala Jim Puckett, fundador y director de Orientación Estratégica de Basel Action Network. Puckett considera que el debate ambiental sobre la IA se ha centrado hasta ahora principalmente en el consumo de electricidad, las emisiones de carbono y el agua, mientras que se ha prestado menos atención al destino de los equipos utilizados.
Hasta 46 millones de toneladas anuales en 2050
Las proyecciones de BAN apuntan a un incremento progresivo de los residuos asociados a la infraestructura de IA. Para 2050, la organización calcula que podrían retirarse entre 31 y 46 millones de toneladas de equipos electrónicos al año.
En términos acumulados, los entre 395 y 617 millones de toneladas previstos para el periodo 2025-2050 equivaldrían, según el análisis, a unos 15-23 millones de contenedores marítimos que colocados uno detrás de otro, ocuparían una distancia suficiente para dar aproximadamente seis vueltas a la Tierra.
El denominado efecto de “contagio” también adquiriría una dimensión considerable. BAN estima que la retirada de equipos fuera de los centros de datos podría añadir entre 16,2 y 30,7 millones de toneladas anuales en 2050. En ambos escenarios, esta corriente acabaría superando a los 15,5 millones de toneladas anuales que el informe proyecta procedentes de los propios centros de datos.
Impacto sobre la generación mundial de RAEE
De acuerdo con el análisis, la expansión de la IA podría contribuir de forma significativa al crecimiento de los residuos electrónicos a escala mundial. Si se suma la generación asociada a la IA a la trayectoria prevista de los residuos electrónicos convencionales, BAN calcula que el volumen mundial podría alcanzar entre 196 y 211 millones de toneladas anuales, entre un 19% y un 28% por encima de la extrapolación realizada por la organización a partir de la referencia de Naciones Unidas y más del triple del volumen anual actual.
El informe también advierte sobre la posible reducción de la vida útil de los equipos destinados a aplicaciones de IA. BAN identifica tres posibles procesos de sustitución tecnológica —la introducción de sistemas eléctricos superconductores, la refrigeración líquida y nuevas químicas de baterías— que podrían provocar la retirada anticipada de infraestructuras todavía funcionales.
Preocupación por los PFAS y la gestión de los residuos
Otro de los aspectos que BAN sitúa entre sus preocupaciones es la posible presencia de PFAS, conocidos como “químicos eternos”, en parte de los nuevos residuos asociados a la IA. La organización anuncia que analizará esta cuestión con mayor profundidad en la tercera entrega de su serie.
El contexto actual de gestión de los residuos electrónicos constituye, para BAN, otro motivo de preocupación. La organización recuerda que actualmente solo se gestiona de forma responsable alrededor de una quinta parte de los residuos electrónicos generados en el mundo, según el Global E-waste Monitor. Asimismo, señala que sus propias investigaciones han documentado casos de exportación de residuos para tratamientos altamente contaminantes en países en desarrollo.
Ante estas perspectivas, BAN reclama a las empresas tecnológicas que comiencen a planificar la gestión de los futuros residuos asociados a la IA antes de que estos se generen.
“No podemos gestionar éticamente los residuos electrónicos que producimos actualmente”, afirma Puckett. “Las empresas tecnológicas deben tomar medidas ahora para desarrollar presupuestos, nuevas infraestructuras y un plan que permita mitigar esta ola de residuos tóxicos de la IA”.
La organización considera que la planificación anticipada será determinante para evitar que el crecimiento de la infraestructura de inteligencia artificial se traduzca, en las próximas décadas, en una presión adicional sobre unos sistemas de gestión de RAEE que ya afrontan importantes dificultades.







