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El primer estudio exhaustivo sobre tasas de residuos en España pone de manifiesto las grandes disparidades entre municipios.

Un artículo recoge las grandes desigualdades entre municipios en tasas de residuos
Para los autores del estudio una tasa fija de residuos favorece a aquellos que menos reciclan. Foto: RESIDUOS PROFESIONAL

El pasado 2015, el valor medio de la tasa de residuos fue de 82,2 euros anuales por domicilio. Este valor es inferior en municipios de menos de 50.000 habitantes y superior a las capitales de provincia. Así lo pone de manifiesto el artículo “Las Tasas de residuos en España”, publicado el pasado mes de julio en la revista Crónica Tributaria, editada por el Instituto de Estudios Fiscales.

El artículo, firmado por los investigadores Ignasi Puig y Sergio Sastre (Fundació ENT), deriva de un estudio exhaustivo sobre las tasas de residuos en todo el Estado español, en el que se analizan 125 municipios, incluidas todas las capitales de provincia, tanto nivel domiciliario como comercial.

Se trata del primer estudio en profundidad de esta realidad fiscal, hecho sorprendente tratándose de una de las principales tasas municipales conjuntamente con el IBI. La importancia del estudio se debe a que el servicio de recogida y gestión de los residuos urbanos es de los más relevantes a nivel presupuestario para los ayuntamientos.

Efectivamente, la tasa de residuos es en general la que más recaudación aporta a los municipios dado que el servicio de recogida de residuos es de prestación obligatoria y conlleva elevados costes. En la presente situación, en la que las haciendas municipales están en una situación financiera compleja, estas tasas se presentan como una herramienta útil para asegurar la financiación del servicio de gestión de residuos.

Además de asegurar la financiación, las tasas pueden tener como objetivo una distribución lo más justa posible de las cargas económicas entre los ciudadanos, teniendo en cuenta criterios sociales y ambientales. La experiencia demuestra que las tasas de residuos pueden ser uno de los instrumentos más eficaces a la hora de promover buenas prácticas ambientales en materia de prevención y reciclaje de residuos.

La base legal de las tasas de residuos permite que los propios municipios sean los encargados de definir qué grado de cobertura se pretende alcanzar sobre los costes del servicio. El hecho de que no haya un porcentaje de cobertura establecido favorece la dispersión en el establecimiento de las cuotas.

Las cuotas fijas subvencionan a quienes menos reciclan

En un 44% de los municipios analizados, los criterios impositivos son independientes de la generación y gestión de los residuos: se trata de cuotas fijas. Aplicar una cuota fija implica que aquellos domicilios que generen menos residuos o reciclen más, están subvencionando a aquellos que generan más residuos o no reciclan. Este sistema es la antítesis del principio “quien contamina paga”, en el que se premia a los ciudadanos y empresas que realizan un esfuerzo en la reducción y la separación en origen.

En general, sean tasas fijas o variables, hay una ausencia general de criterios ambientales en la articulación de la tasa. En el caso de las domiciliarias predominan las tasas fijas, con una frecuencia muy baja de beneficios fiscales con motivación ambiental. Las tasas comerciales se articulan principalmente en función de la actividad y la superficie, y son también infrecuentes los casos de beneficios fiscales que incentiven las buenas prácticas.

Este panorama sugiere que el potencial de las tasas de residuos para mejorar la gestión de los residuos ha sido poco explotado. La aplicación de esquemas de pago por generación, de implantación aún minoritaria en España pero con una tendencia hacia su generalización en Europa, es un ejemplo de la puesta en práctica de las capacidades de las tasas de residuos.

Un instrumento fiscal para mejorar la gestión de residuos

Viendo los resultados del estudio Ignasi Puig, investigador y jefe de proyectos de la Fundació ENT, apunta que “sorprende la enorme diversidad de las tasas de residuos entre los municipios, tanto a nivel domiciliario como comercial. Este hecho dificulta la comparación y por tanto incide sobre la transparencia”. Según Puig “a medio plazo tendremos que acostumbrarnos a pagar por los residuos como por cualquier otro servicio, de acuerdo con el uso que hacemos. De la mano de la recogida selectiva puerta a puerta podremos pagar en función de los kilos o litros que generamos”.

Por su parte, el otro autor del estudio, Sergio Sastre, incide en que “las tasas de residuos están siendo desaprovechadas como herramienta fiscal para mejorar la gestión de los residuos municipales”. Señala que “el hecho de que la cobertura de costes por la propia definición legal de la figura de tasas tenga un techo en vez de exigir que se cubra como mínimo el 100% de los costes del servicio, como ocurre en otros países, es un punto débil”.

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