Expertos reunidos en la Convención Mundial del Reciclaje de la BIR alertan sobre el impacto de las nuevas normativas, la calidad decreciente de los textiles y el auge de la moda rápida.
Representantes de toda la cadena de valor de la reutilización y el reciclaje textil hicieron un llamamiento a reforzar el diálogo entre responsables políticos, reguladores y empresas del sector durante una sesión especial organizada por la División Textil de la Oficina Internacional de Reciclaje (BIR) en el marco de la Convención y Exposición Mundial del Reciclaje celebrada en Gotemburgo (Suecia).
El encuentro reunió a expertos internacionales para analizar los desafíos que plantean las nuevas regulaciones, la evolución de los mercados y la necesidad de desarrollar modelos circulares viables para los textiles usados. Los participantes coincidieron en que las políticas públicas deben alinearse con la realidad operativa del sector para evitar efectos no deseados sobre los flujos globales de reutilización y reciclaje.
El presidente de la División Textil de BIR, Martin Böschen, calificó el momento actual como “crítico” para la industria debido a los cambios regulatorios en marcha, entre ellos la revisión de la gestión de textiles usados y residuos textiles en el marco del Convenio de Basilea, la entrada en vigor del Reglamento europeo sobre traslados de residuos en 2027 y la implantación progresiva de sistemas de responsabilidad ampliada del productor (RAP) en distintos mercados.
Según Böschen, estas iniciativas modificarán de forma significativa la manera en que los textiles son clasificados, recogidos, reutilizados y reciclados a escala internacional. Todo ello se produce en un contexto marcado por el deterioro de la calidad de las prendas, el crecimiento de la moda rápida y el aumento de los volúmenes de ropa puesta en el mercado.
Comercio internacional de textiles usados
Uno de los principales temas abordados fue el impacto que podrían tener futuras modificaciones regulatorias sobre el comercio transfronterizo de ropa de segunda mano.
Jessica Franken, vicepresidenta de Asuntos Gubernamentales y Externos de la asociación estadounidense SMART, advirtió de que algunas propuestas debatidas en el ámbito del Convenio de Basilea podrían imponer nuevos requisitos administrativos a los movimientos internacionales de textiles usados. En su opinión, determinadas medidas podrían dificultar el funcionamiento de un sistema de reutilización que lleva más de un siglo operando a escala global.
Por su parte, Rodrigo Polanco, investigador del World Trade Institute de la Universidad de Berna y participante en un estudio de Naciones Unidas sobre circularidad en el comercio de ropa de segunda mano, destacó la existencia de una brecha de conocimiento entre quienes elaboran las normativas y quienes trabajan en el sector. Entre las conclusiones de su investigación figura la necesidad de mejorar la trazabilidad mediante herramientas digitales y de vincular las políticas comerciales con los mecanismos de responsabilidad ampliada del productor.
Trazabilidad y estándares
Los participantes también coincidieron en la importancia de establecer criterios comunes que permitan diferenciar claramente entre textiles reutilizables y residuos textiles.
Desde Pakistán, uno de los mayores importadores mundiales de ropa usada, la investigadora Zainab Naeem señaló que la falta de códigos aduaneros específicos dificulta la distinción entre residuos y prendas de segunda mano. En este sentido, defendió la creación de estándares internacionales que aporten mayor transparencia y trazabilidad.
En la misma línea, representantes de organizaciones de reutilización destacaron los avances para desarrollar estándares de calidad aplicables al comercio internacional de textiles usados, con el objetivo de reforzar la confianza entre exportadores, importadores y autoridades regulatorias.
La importancia de la comunicación
La implementación en Suecia de la recogida separada obligatoria de residuos textiles también centró parte del debate. Según explicó Karolina Skog, presidenta de la Nordic Textiles Network, la medida provocó inicialmente una fuerte respuesta ciudadana y un incremento masivo de las entregas de textiles de baja calidad en los puntos de recogida.
La experiencia puso de manifiesto la necesidad de comunicar con claridad la diferencia entre textiles reutilizables y reciclables, así como la conveniencia de separar ambos flujos para evitar pérdidas de valor económico y ambiental derivadas de la contaminación cruzada de materiales.
Reciclaje textil y moda rápida
La sesión también abordó el papel de la moda rápida en la generación de excedentes textiles y en la reducción de la calidad de las prendas. Varios expertos señalaron que el crecimiento continuado de este modelo de consumo está ejerciendo una presión creciente sobre los sistemas de reutilización y reciclaje.
Sandra Roos, vicepresidenta de Sostenibilidad de la firma sueca Kappahl, cuestionó además la eficacia de algunas propuestas regulatorias centradas en cuotas obligatorias de contenido reciclado. Según indicó, determinadas aplicaciones podrían incrementar impactos ambientales asociados al consumo de recursos o reducir la durabilidad de las prendas.
Durante el encuentro también se analizaron alternativas para la valorización de residuos textiles que no pueden reutilizarse, incluyendo su posible aprovechamiento como combustible alternativo en determinados procesos industriales.
Incorporar la visión de los países receptores
Otro de los mensajes recurrentes fue la necesidad de incluir a los países receptores de ropa usada en el diseño de las políticas internacionales. Diversos ponentes alertaron de que muchas decisiones regulatorias se adoptan sin contar suficientemente con las empresas, trabajadores y comunidades que dependen económicamente de estas actividades.
Los participantes concluyeron que el avance hacia una economía circular en el sector textil requerirá una mayor cooperación internacional, mejores sistemas de datos y trazabilidad, y una interlocución permanente entre administraciones, industria y mercados receptores para garantizar que las futuras regulaciones respondan a las necesidades reales de la cadena de valor.








