Un análisis técnico de más de 130 estudios identifica el alto potencial de mitigación climática de la economía circular, con la gestión de residuos y la construcción como los sectores con mayor capacidad de actuación.
La economía circular podría desempeñar un papel decisivo en la mitigación del cambio climático, con un potencial medio de reducción del 33% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), según una revisión de 131 publicaciones científicas realizadas entre 2020 y marzo de 2025. No obstante, el rango estimado oscila entre el 2% y el 99%, lo que refleja la heterogeneidad metodológica de los estudios analizados.
El informe técnico de 2026 sobre contribuciones de la economía circular a la mitigación climática, elaborado por el European Topic Centre on Circular Economy and Resource Efficiency (ETC CE), sirve de base a este análisis y respalda iniciativas políticas como el Clean Industrial Deal 2025 y el Plan de Acción de Economía Circular 2020 de la Unión Europea.
Creciente evidencia científica
En los últimos cinco años se han publicado más de 130 artículos que documentan el potencial de la economía circular para reducir emisiones. La revisión inicial identificó más de 460 trabajos, que tras aplicar criterios de robustez metodológica y resultados cuantificables se redujeron a 131 estudios. La mayoría de las investigaciones se centran en países desarrollados —especialmente europeos—, aunque también se observa una atención creciente en economías emergentes, particularmente China.
Esta evolución se enmarca en una mayor integración del enfoque circular en la agenda climática internacional, reflejada en documentos como el Sexto Informe de Evaluación del IPCC y resoluciones de la Asamblea de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
Sectores con mayor potencial de reducción
A nivel sectorial, la gestión de residuos presenta el mayor potencial relativo de mitigación, con una reducción media estimada del 52% (rango: 9%-88%). Le siguen la construcción y edificación: 48% (15%-99%); transporte y movilidad: 28% (4%-57%); industria: 26% (5%-61%), y agricultura: 24% (2%-87%)
Sin embargo, cuando se analizan reducciones absolutas en gigatoneladas de CO₂ equivalente (Gt CO₂e) hasta 2050, el panorama varía. El sector agroalimentario encabeza el potencial global, con hasta 7,3 Gt CO₂e de reducción anual en 2050 frente a un escenario tendencial.
En construcción y edificación, las medidas circulares podrían ahorrar hasta 6,8 Gt CO₂e a escala global en 2050, principalmente mediante la reducción de la superficie edificada por habitante, la extensión de la vida útil de los edificios y la sustitución de materiales intensivos en carbono.
Medidas con mayor impacto
El análisis distingue intervenciones a lo largo del ciclo de vida:
- Antes del uso (ecodiseño, sustitución de materiales, aligeramiento): potencial medio de reducción del 39%.
- Durante el uso (reutilización, prolongación de vida útil, uso compartido): 40%.
- Después del uso (reciclaje y tratamiento separado de residuos): 60%, el mayor potencial relativo.
Entre las medidas individuales con mayor impacto destacan los cambios dietéticos —especialmente la transición hacia dietas mayoritariamente vegetales—, la movilidad compartida, la reducción del espacio habitable per cápita y la agricultura regenerativa.
En el caso de los cambios dietéticos, las estimaciones varían considerablemente según el nivel de ambición asumido: los estudios sitúan el potencial de mitigación entre 0,9 y 5,9 Gt CO₂e en 2050.
Materiales y construcción: prioridades estratégicas
El sector de la construcción concentra casi la mitad del uso global de materiales, lo que amplifica el efecto de las estrategias circulares. Además, el uso de materiales biobasados puede contribuir al almacenamiento temporal de carbono en productos madereros.
El informe subraya asimismo la importancia de reciclar, reutilizar y sustituir materiales intensivos en carbono —como determinados metales—, cuya extracción y procesamiento generan emisiones significativamente superiores a otros minerales no metálicos.
Diferencias metodológicas y necesidad de armonización
Casi la mitad de los estudios revisados emplean Análisis de Ciclo de Vida (ACV), mientras que otros recurren a enfoques híbridos, análisis de flujo de materiales (MFA) o modelos input-output ambientalmente extendidos (EEIO). Estas diferencias metodológicas, junto con variaciones en supuestos, líneas base y alcance geográfico, explican la amplia disparidad de resultados.
El documento concluye que, si bien existe evidencia sólida del potencial climático de la economía circular, es necesario mejorar la integración de estas medidas en los escenarios climáticos y desarrollar herramientas de modelización más coherentes que apoyen la toma de decisiones políticas.
También señala la conveniencia de combinar medidas “aguas arriba” —como el ecodiseño y la reducción de la demanda de materiales— con actuaciones “aguas abajo”, como el reciclaje, para maximizar el potencial de mitigación.
En conjunto, la literatura reciente confirma que la economía circular no solo mejora la eficiencia de los recursos, sino que constituye un pilar estratégico para avanzar hacia la neutralidad climática, siempre que sus impactos se cuantifiquen con transparencia y coherencia metodológica.
Fuente:
AEMA








